Este aparatico entusiasma a Gabriela
LA BIBLIOTECÓLOGA GABRIELA Ceballos le pedía la tableta a su hijo cada vez que podía, hasta que le regalaron una que le permite hacer lo que más le gusta: jugar sudoku y leer.
No puede estar más feliz con el "aparatico", como lo llama. Ya le venía coqueteando, cuando su hijo, Santiago Villegas, todo un entusiasta y experto de la tecnología, le mostró la que había comprado. Se pasaron una noche entera tomándose fotos con efectos y distorsionadas.
A ella, Gabriela Ceballos, poco le importa cómo se llama o con qué sistema operativo funciona. Simplemente, le gusta y le parece "rica la sensación" de leer en digital o resolver sudoku, con solo apretar un dedo.
Bibliotecóloga de profesión, esta mujer muy animada, a quien todo entretiene y reta, se sorprendió hace un par de días cuando su hijo le entregó una caja.
"El mejor regalo", dice con una sonrisa. Claro, le pedía que le prestara el suyo todo el tiempo.
Así que cuando la abrió, era una tableta pequeña, ideal para meter en la cartera, y lo mejor, estaba lista para desplegar un mundo que por ahora intuye.
No le teme a tenerla entre sus manos, ya la transporta a todas partes y le parece la perfecta compañía para irse a dormir.
No cambia la costumbre de leer en la cama, y no tiene problema en incluir sus temas preferidos, biografías, poesía o literatura, en ese cuadrado lleno de pixeles.
Ahora anda feliz con los Cuentos de amor, de locura y de muerte , de Horacio Quiroga, que descargó de forma gratuita, de un sitio en internet (ver recuadro).
No tiene que utilizar las gafas de aumento y si necesitara -aún no lo requiere-, le puede incrementar el tamaño de la letra.
En colores, sí, "delicioso", dice con ese entusiasmo que tiene por lo nuevo. Es indispensable para jugar solitario y le resulta práctico para entrar a Facebook, en donde ha encontrado a casi todas las compañeras de estudio.
¿Tuitear? Allá llegará, quiere hacerlo para controvertir a un político o expresar sus puntos de vista.
Anda con un trapito limpiando las huellas que deja en la pantalla, pero eso es un "mal menor", frente a lo que ha ido descubriendo.
Ya ingresó algo de música, gracias a un compañero de trabajo que, en tres pasos, le enseñó cómo hacerlo. Música para acompañar un vino, se sueña.
"Voy ensayando". Así aprende cada cosa que necesita. Porque ni curso ha requerido. Sus hijos se mantienen muy ocupados, dice, y a ella eso de ir tanteando de a poco también le entusiasma.
Pronto se jubilará y una tarea tan cotidiana como leer la prensa, en papel, con la mancha de tinta entre los dedos, la va a reemplazar por leer artículos debajo de las cobijas.
Sonríe y se pone las gafas. Quiere ver qué novedad le ha descargado Santiago su hijo. "¡Ah sí! eso es un rompecabezas".
Recuerda que le encanta armarlos, sobre una mesa. Unir más de 3.000 fichas. Ahora, los hará en este cuadrado que no supera las siete pulgadas y le emociona.
Un tema práctico. Quiere organizar su agenda. Se queja de olvidadiza, y por eso no ve la hora de ingresas sus compromisos y tenerlos a la vista.
¿La alarma? Es un botón grande y rojo, una aplicación que se distingue muy bien en su pantalla de entrada. Le suena duro y así la despierta.
Ya dejó atrás su " tamagouchi", un celular con pantalla blanco y negro, y de teclas pequeñitas con las que solo contesta o cuelga.
Intentó comprar un teléfono inteligente, de esos que todo el mundo utiliza para chatear, pero lo descartó en un par de días.
No está para sumar pasos, sino en deslizar su dedo y llegar más fácil a lo que le gusta. Esas aplicaciones que revelan su mundo personal, tan lleno de disfrute y temas para compartir.
Seguro Gabriela ya no abadonará la tecnología.