Histórico

Este era un hombre

Loading...
25 de septiembre de 2010

Vigésimo sexto domingo
"Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente. Y un mendigo, llamado Lázaro, estaba echado en su portal, cubierto de llagas". San Lucas, cap.16.

Este pasaje de san Lucas parece una ilustración para la portada de un libro que podría llamarse: "Incoherencia de la satisfacción del rico frente a la miseria del mendigo".

Cuando Cristo habla en contra de los ricos, no se refiere directamente a quienes poseen bienes materiales. Ser rico, en el lenguaje evangélico, significa mantener el corazón cerrado a Dios y cerrado también a los hermanos. Pero sucede con frecuencia que cuando poseemos riquezas, se nos cierra el corazón poco a poco, casi sin darnos cuenta.

Entonces comenzamos a justificar lo poco o mucho que poseemos. Defendemos nuestras actitudes y suavizamos el rudo mensaje del Señor. Acabamos poniendo como divisa de nuestro egoísmo aquella frase de san Francisco de Asís: "Dios mío y todas las cosas", pero entendida de otra manera.

Sin embargo, la palabra del Señor es dura e incisiva: "Yo os aseguro...". "Os lo repito...". En otro pasaje nos advierte que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos. Chesterton apunta con mucha gracia que para explicar satisfactoriamente ese texto, hemos pedido ayuda a los industriales y a los zootecnistas.

Los primeros se han puesto a fabricar una aguja enorme, a través de cuyo ojo pudiera pasar holgadamente, como bajo un arco del triunfo, un camello. Los zootecnistas, por su parte, se han esforzado en producir una raza de camellos minúsculos, que pudieran entrar fácilmente por el ojo ampliado de una superaguja.

Pero la palabra del Señor nos invita a un serio análisis: ¿Somos ricos? Reflexionemos sobre el esquema que nos presenta Emmanuel Mounier: "Rico es sinónimo de hombre a quien nada se le resiste. Se cree dueño del mundo, pero es porque lo ha ido suprimiendo poco a poco. El mundo ha dejado de existir para él; no tiene en cuenta sino su dinero y sus planes. La riqueza le reviste de un estilo fatuo y prefabricado. Es su actuación mecánica y estereotipada su sonrisa. No puede tener amigos, únicamente socios y a veces, cómplices. Para él sólo cuentan las juntas directivas, los proyectos económicos, los planes de producción".

Jesús desea abrirnos el corazón a la esperanza y al servicio del prójimo. También nuestros bienes materiales tienen un lugar en los planes de Dios. Él nos ha regalado la oportunidad de compartirlos con tantos lázaros que esperan, junto a nuestras casas. Muy cerca de nuestras ciudades.

(Publicado el 28 de septiembre de 1980)