Esto sí puede cambiar
Es una larga discusión con muchas aristas pensar si la situación de descomposición moral podría cambiar.
Porque el asunto tiene por lo menos dos vertientes: la de las personas con muchas necesidades económicas que se ven empujadas a cometer acciones ilegales para procurarse los mínimos necesarios; y la de las personas que sin necesidades económicas son enceguecidas por la ambición de tener y acumular más, y cometen fechorías.
¿Existiría alguna acción efectiva para que unas y otras cambien su modo de actuar? ¿Esa acción podría promoverse desde afuera? La tesis que esbozo es que la gente sí puede cambiar. Primero, pienso que de hecho parte de la madurez emocional, moral y social de una persona en crecimiento (todo el tiempo estamos creciendo) es poder poner en clave de autorreflexión la propia vida para tratar de vislumbrar cuáles de sus comportamientos, en esos órdenes, necesitan ajustes.
Segundo, creo que cuando algunas personas no logran ese proceso interno, existen dos posibilidades: para aquellos cuyos comportamientos delincuenciales están encaminados a suplir necesidades económicas, la sociedad tiene la obligación de mostrarle que existe un modo de vida mejor que el delincuencial: aquí es cuando la inversión social es una obligación del Estado para evitar que la gente desesperada haga lo que sea para suplir necesidades.
Y para aquellos cuyos comportamientos delincuenciales no intentan suplir necesidades básicas, el castigo ejemplar es quizá la medida más eficaz para la corrección, no solo para ellos, sino como ejemplo para quienes sin una estructura moral suficiente creen que delinquir sí paga. Es que solo un castigo ejemplar impide la creencia de que se pueden cometer grandes atrocidades porque a la débil estructura judicial se le burla fácilmente o porque a los pocos años de condena se estará en la calle "disfrutando" de los ilícitos cometidos. Para cambiar ciertos comportamientos perjudiciales para el bien común, el Estado tiene que actuar en paralelo con campañas promocionales y con castigos, y si no, ¿cómo se logró formar el hábito de usar el cinturón de seguridad, sino fue a punta de campañas y de multas? (multas que duelen en el bolsillo).