Excusas públicas sientan un precedente judicial
LAS DISCULPAS PÚBLICAS empiezan un lento proceso de reparación y duelo para las familias que perdieron seres queridos a manos de algunos militares. Las Fuerzas Armadas asumen el compromiso de no repetir episodios así.
Cuatro arreglos florales con rosas rosadas y blancas reposaban sobre una mesa de mantel verde. Al frente, entre uniformes militares, varios integrantes de tres familias esperaban el comienzo de una ceremonia que resarciría, en parte, la memoria de sus seres queridos asesinados por integrantes del Ejército entre 2004 y 2007.
En sus rostros, el silencio acompañaba las lágrimas que se escabullían sin control. Un recuerdo marcado por el dolor.
Las excusas públicas, por parte del Cuarta Brigada, que se cumplieron el 12 de mayo, sí limpiarían el honor de sus familias. Sus familiares no serían señalados como guerrilleros, pero "la ausencia de mi ser querido no la devuelve nadie. No saben lo que hemos sufrido nosotros", dijo una de las asistentes, quien hablaba con pausas y mirando al piso.
El desagravio
Francisco Javier Pérez Mora desde hacía tiempo había asumido las funciones de padre para sus hermanos.
En la tarde del 14 de septiembre de 2007 terminaba sus labores en la finca cuando llegaron unos hombres a buscarlo con el argumento de reunirse para tratar temas de seguridad. Además de Francisco, estas personas también buscaron a su primo, Luis Alfredo Pérez Arango.
"Él les respondió que los atendía en la casa. Ellos no quisieron y les insistieron en llevárselos y dijeron que no los demoraban más de 20 minutos", recordó un familiar de Francisco Javier.
Según los relatos de personas que prefirieron guardar su identidad, luego de que sacaron a los dos hombres de la casa, y de avanzar por un camino, se encontraron con hombres del Ejército.
Anocheció y no regresaron Francisco ni Luis. En la mañana, temprano, vecinos escucharon disparos, "nos dicen que fue la balacera más impresionante, nos dicen que eso parecía la hora llegada", añadió el familiar.
Al indagar encontraron varias trabas con instituciones del Estado. No obtuvieron respuesta ni ayuda.
En la tarde del día siguiente los llamaron de Yarumal porque tenían el reporte de un guerrillero abatido y que respondía al nombre de Luis Alfredo Pérez. La familia lo identificó.
El cuerpo de Francisco lo encontraron una semana después a orillas de un río.
"Este es el momento, y no sé si nos vamos a morir sin saber qué fue lo que pasó, me gustaría saberlo. Me gustaría saber si a mi primo lo torturaron para sacar qué, a base de qué, o solamente por hacerlos pasar por guerrilleros. Según ellos, Alfredo pertenecía a un grupo al margen de la ley y Francisco era el comandante", rememoró el familiar.
Las excusas públicas a estas familias les quitan un estigma, pero sus sentimientos son encontrados. "Duele saber que esto lo hacen aquellos que se supone nos deben proteger", dijo el pariente de los Pérez.
Según especialistas, el duelo toma matices distintos. Son situaciones complejas y el resentimiento aflora de manera constante.
Diana Gisela Ríos Fernández, directora científica de la Unidad de Duelo de la Funeraria San Vicente, explicó que "me parece un duelo muy complicado porque es frente al Estado el resentimiento que queda y las implicaciones de que es una muerte violenta. Esto hace que las personas queden muy aturdidas, que haya una carga emocional mayor".
La familia de Francisco y Luis Alfredo sigue sufriendo por la pérdida de los dos. Ellos estuvieron en la ceremonia del 12 de mayo. Lo hicieron para cumplir y verificar que el nombre de los dos muertos y el de la familia quedaran limpios de señalamientos.
"Lo que pasó con ellos es como cuando se da una tormenta, un aguacero, ya cuando escampa se ve la tragedia, así estamos nosotros", apuntó el familiar.
Esta persona aseguró que el ramo y una placa, que también se les entregó, no devolverán a sus seres queridos, "para nosotros no basta que nos digan perdón, cuando las personas que los asesinaron están en libertad".
Ríos dijo que el ejemplo que las personas adultas tratan de dar frente a estas situaciones "es mostrarse fuertes, lo que genera una represión del dolor, el dolor sigue presente en ellos".
El ritual ayuda al duelo
El presidente del Tribunal Administrativo de Antioquia, Jairo Jiménez Aristizábal, indicó que un acto de excusas públicas se enmarca en la reparación que se debe hacer a las víctimas.
"En este país, que es un país vengativo, si se estigmatiza a una persona inmediatamente se estigmatiza a la familia. Ahí viene otro aspecto y es que, ya señaladas como guerrilleras, las familias tuvieran otra mortificación peor, tuvieron que desplazarse", dijo Jiménez.
Un acto como este, tomándose como un ritual, puede ayudar con el duelo a las familias afectadas. Así lo destacó Ríos. "Todo lo que ritualiza ayuda al duelo. Ayuda más un proceso de acompañamiento, que no se quede solo en perdón y ya, sino en un compromiso. Si se cometió un error, ser responsables ante esos errores que se cometen, ahí es donde sirven ese tipo de rituales".
José Fernando Kerguelén, sicólogo del Programa de Atención a Víctimas del Conflicto Armado de la Alcaldía de Medellín, expresó que "el proceso de duelo es un proceso normal, es algo típico ante un evento atípico como lo es la pérdida de un ser querido. Ante este tipo de situaciones puede generar rabia, ira, desconfianza, desconsuelo, pero no necesariamente puede afectar el proceso del duelo como tal".
Jiménez resaltó que además del acto público, "la Comisión Interamericana de Derechos Humanos obliga a que a estas familias se les brinde ayuda de tipo sicológico y servicios jurídicos".
Agregó que "estos cuatro casos se fallaron porque fue muy obvio, las pruebas dejan ver la manipulación".
El acto de excusas
La familia de Genaro de Jesús Quintero Cardona estuvo en el acto de excusas públicas. Los que llegaron no pararon de llorar desde el momento en que empezó la ceremonia.
"A él lo mataron, según parece, por chismes de otro señor que dijo que era guerrillero. Estaba trabajando en una finca y allá fue el Ejército y se lo llevaron para otro punto donde lo mataron", contó un familiar de Genaro.
A esta familia, posteriormente, le desaparecieron dos miembros más cuando indagaban por el asesinato.
"Con el acto de perdón no sé qué decir. Que a uno le maten un familiar, que uno sepa que sí deben cosas, pero Genaro y los otros no debían nada. Lo único que le queda a uno es que reconocen que se equivocaron, nada más", agregó el pariente.
El comandante de la Cuarta Brigada del Ejército, general Alberto José Mejía Ferrero, expresó que fue "un evento muy especial en el cual el Ejército muestra un comportamiento ético superior. El Tribunal Administrativo de Antioquia nos ordenó pedir excusas públicamente por unos eventos del pasado, cometidos de manera individual por algunos de nuestros hombres, que de manera comprobada rompieron los principios y valores institucionales".
Iván Arias Graciano, director de la Fundación Sociojurídica de Antioquia, dijo que "esas disculpas son un reconocimiento que hace el Estado públicamente de que sus miembros se equivocaron, esto brinda un compromiso de que el Ejército y el Gobierno no volverán a cometer este tipo de actos".
Añadió Arias que este acto "es lo mínimo que debe hacer el Ejército cuando comete un acto contra un ciudadano, pedirle disculpas".
Esta ceremonia, además de restablecer el nombre de la persona muerta y su familia, también representa una sanción política para el Estado.
El procurador regional para Antioquia, Elías Hoyos Salazar, valoró las excusas públicas. Admitió que esto genera un dolor irreparable en las familias afectadas, pero debe ser un acto que se realice "para que públicamente se reconozca que hubo un error por parte de los integrantes de las diferentes entidades del Estado. Eso no significa que sea toda la institución la que esté inmersa en esos errores. Es algo que se hace con miras a mostrar el reconocimiento del hecho ante la opinión pública nacional e internacional para que sirva como motivo de reflexión y se vayan mejorando los procedimientos.
El general Mejía saludó a las familias y entregó placas en las que se resalta el buen nombre de los asesinados y sus parientes e hizo énfasis en el compromiso de su institución en el respeto de los derechos humanos.
Tres arreglos de flores fueron entregados. El otro se quedó en la mesa de mantel verde. No se supo si la ausencia de la cuarta familia fue por temor, por que no se contactaron o porque no aceptaron las excusas.