Histórico

Exterminen a "Timochenko"

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28 de noviembre de 2011

Calle de la Soledad con Cuartel. Una conversación a gritos en un bar de mala muerte interrumpe el noticiero que escuchan con atención las apenas cuatro mesas con dueño.

Un policía detiene sus quehaceres por las atestadas calles atrapadas entre los muros de la ciudad vieja de Cartagena. Se asoma con desidia por si las moscas y da fe de que nada ocurre más allá de lo habitual. Dos "pelaos", cerveza en mano, mascullan insultos sin cesar con la vista fija en un televisor de un siglo atrás.

"¡Va a volver Uribe. Va a volver Uribe!", brama el más joven de ellos. El jaleo atrae más y más curiosos a las puertas del tugurio. De repente, el presidente Santos aparece en pantalla para dar los detalles de los asesinatos del Caquetá.

Alguien lo insulta y otro más vocifera "con este, estamos rendidos", oculto entre los cuerpos arracimados de la entrada. Las voluptuosas presentadoras, de riguroso negro, prosiguen dando paso a más testimonios: los familiares de las víctimas, el ministro Pinzón y la madre, hija y hermana del sargento Erazo, secuestrado durante 12 años por unos desalmados y único superviviente de la matanza. Ya casi ningún parroquiano escucha lo que dicen. Cada cual ha comenzado a desatar su ira contra la narcoguerrilla, esa banda de iletrados neardentales. Los sicarios del averno y de la coca. Otro tipo, un limpiabotas que también quisiera ver a Uribe en la Casa de Nariño, apura el último trago y exclama puesto en pie: "Hay que lanzar a todo el Ejército de una vez contra esos delincuentes". La clientela lo jalea y se oyen voces que piden la cabeza del Presidente. Otros, con el ardor de una sola cerveza, siguen sin comprender que los verdugos no escucharán las súplicas de esas cuatro familias con el alma quebrantada. Mientras, el dueño del garito, un chino con sangre de los cinco continentes, sonríe sin que nadie sepa bien por qué, admirado por el barullo que tiene ante sus ojos.

Hace apenas unas horas que el rehén más antiguo del mundo, el sargento Martínez, secuestrado por las Farc en 1997, y los uniformados Duarte y Hernández, capturados en 1998, un año antes que su compañero Moreno, han sido ejecutados de un tiro de gracia en la cabeza y en la espalda con los grilletes puestos. Con su sangre aún fresca, la huida del sargento Erazo recorre las redacciones de medio mundo.

Todos quieren la historia del héroe que logró escapar del exterminio. Los que cayeron, sólo reciben unas líneas de epitafio. Dos días antes de la fallida operación Júpiter, el presidente Santos abría por enésima vez las puertas del diálogo a la narcoguerrilla. El mensaje al nuevo comandante del cartel, un barbudo con pinta de pasmado llamado Rodrigo Londoño, alias Timochenko , era un arriesgado regalo de bienvenida a quien se considera uno de los más sanguinarios miembros del Secretariado mafioso, responsable de la dantesca toma del Mitú y de varias purgas dentro de las Farc. "En el momento en que esos grupos se den cuenta de que por esa vía no van a llegar a ningún lado, que sólo van a encontrar una cárcel o una tumba, y den señales concretas para no volver a engañar al pueblo colombiano, el Estado no tendrá problema en sentarse a buscar esas salida", dijo Santos.

No tengo duda de que, pese a la buena fe de sus palabras, el Presidente se arrepiente del discurso tras la cruenta respuesta de Timochenko . No faltarán quienes lo culpen por acción o inacción pese a que las balas provenían de otro lado. Ese es un error que Colombia nunca debe cometer. Como tampoco pensar que con el cáncer se puede negociar. Se extirpa y se tira a la basura.