Flores por el Día del Buen Vecino
Para el 5 de agosto la propuesta es que se institucionalice el día del Buen Vecino. Se trata de regalarle una flor a esos que están al lado todo el tiempo, pero en silencio.
La sonrisa venía después de la flor, como si ésta tuviese alguna clase de pica pica que hiciera reír. Y el secreto estaba en el "regale una flor al vecino".
El recorrido era de casa en casa. De tocar la puerta y entregar el detalle. De caminar al lado de unos muñecos gigantes y regalarla. De encontrarse a alguien y dársela. Y ojalá que ese que la recibiera, quedara con ganas de entregarle a su vecino, el de la casa o el del trabajo, otra flor.
"Siempre le devuelven a uno una sonrisa", dijo Araisy Rivera, una de las personas que estaba compartiendo con los vecinos.
La propuesta es de la Corporación cultural Barra del Silencio. La idea es institucionalizar el 5 de agosto como el Día del Buen Vecino, regalándole una flor a las personas que están tan cerca, pero a veces ni se les da un saludo.
"Queremos que la gente en la Feria de las Flores sea más activa y protagonista", explicó Luis Alberto Correa, director de Barra del Silencio. Se trata de compartir, de mostrar un gesto de amabilidad con el otro. De sonreírle, de mirarlo incluso.
"No hay que construir ciudad solo de cemento -añade Luis Alberto-, sino de hacer hombres".
La intención es que este día se institucionalice, en el marco de la Feria de las Flores, pero hace hincapié Luis Alberto, que debe ser, sobre todo, una iniciativa comunitaria. "Esto no cuesta nada. Es un gesto fácil, que lo podemos hacer porque queremos, no porque el Estado, por ejemplo, nos diga que lo debemos hacer".
Ese vecino que mira
Y este primer Día del Buen Vecino, aunque ya habían hecho intentos en otras ocasiones y días, fue toda una fiesta. Tres muñecos gigantes bailaban, dos campesinos y una señora de pueblo, y acompañaban a los de la Barra del Silencio y a los pequeños de la Policía Cívica Juvenil, que fueron los que más flores repartieron.
"Le entregué a una secretaria y a un doctor. Dijeron que muchas gracias", cuenta Valentina Diez Rojas, de siete años, quien llevaba todavía un ramo para regalar.
La música fue con la chirimía infantil de la Policía Metropolitana de Medellín, y se vincularon otras instituciones como la Policía de la estación San Joaquín, el comedor Infantil Pan y vida, el periódico Gente de Laureles, por nombrar algunos.
"Sabemos que otros grupos están haciendo lo mismo en otros lugares de la ciudad", contó el director de la Barra del Silencio.
Por su parte, ellos pasaron por el barrio el Velódromo, el del sector del Estadio, el bulevar de La 70 y el barrio San Joaquín. Fue plan de todo el día.
"Me pareció una iniciativa muy interesante, porque más de una persona se conmueve para empezar a aceptarnos todos como amigos y así haya más convivencia, más paz", comentó John Mario Garavito, quien recibió una flor. Con él coincidieron muchos. La promesa con la que quedaron, regalarle una al que está a su lado.
El día del Buen Vecino fue una muestra de amor, de querer una ciudad más solidaria y tolerante. De reunir sonrisas, solo por decir hola. De hacer una sociedad de vecinos. De amigos.