Histórico

Germán Castro rehizo pasos en la selva

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24 de enero de 2010

Con la idea de lanzar la primera edición de Perdido en el Amazonas en portugués, Germán Castro Caycedo se dio a la tarea de revisar este, uno de sus primeros libros, publicado hace más de 30 años.

No lo había vuelto a leer y al hacerlo se encontró con dos cosas. La primera, que era una historia tan real como buena y la segunda, que estaba muy mal escrita.

"La historia es buena, pero el libro tenía serios problemas de estructura. El ritmo subía y bajaba y el manejo del tiempo dramático estaba muy mal, pues era mi segundo libro y no entendí que el tiempo en la selva es muy diferente al tiempo en la ciudad. Además, algunos personajes estaban mal presentados", comenta Castro Caycedo. Por eso decidió reescribirla.

Así que volvió a La Pedrera, donde comienza el trapecio amazónico, punto desde el cual, en los años setenta, inició su travesía en búsqueda de la historia de Julián Gil, el protagonista del titular que lo inquietó e impulsó a viajar por la selva.

Recuerda bien el titular: Marino perdido en el Amazonas. A lo largo de su carrera de escribir historias de no ficción, tan sorprendentes que parecen productos de la imaginación del talentoso escritor, le ha sucedido lo mismo: "Más del noventa por ciento de mis libros han salido de titulares de prensa y televisión, como La muerte de Giaccomo Turra, Karina y mi alma se la dejo al diablo , historia que salió de una fotografía de El País, de Cali, y en la que duré cuatro años de investigación, porque buscar la gente en la selva es difícil".

Su primer acercamiento a la historia de Julián Gil fue con el propósito de publicar una serie de reportajes sobre su desaparición, en un principio contactando a su familia e intentando llegar a la zona.

"En ese entonces, para ir y volver de Leticia a La Pedrera era un año de camino. Ese tiempo en la selva es difícil de manejar en un libro, para que el lector lo sienta pasar. Era uno de los problemas".

Reencuentro con el libro
Germán Castro Caycedo no lo había vuelto a leer y hace un año y medio decidió que la historia era tan buena, que merecía volver a ser escrita.

Retornó a La Pedrera, donde ya no encontró mucha gente que había conocido en los años setenta. Además, la forma de vida también había cambiado, pero pudo hablar con los que quedaban, que conocían la historia, para ampliarla.

Según Castro, uno de los maestros de la reportería en Colombia, lo más interesante fue el encuentro con el chamán Caiba. De él, en su primera visita no habló con él, porque nadie le había dicho la importancia que había tenido en la historia.

Germán no se queda quieto. Siempre está indagando por cada personaje que se va encontrando en el camino. En el caso del chamán, supo que era una especie de monje de gran sabiduría, que desde los trece empezó, como los demás, a ser preparado para manejar el yagé, bebida a través de la cual tienen otras visiones del mundo. Castro Caycedo narra que Caiba, a través del yagé, se metió en un tigre y siguió los pasos por la selva de los hermanos Gil.

Cuando el periodista escuchó esta historia, recordó lo que le había contado décadas atrás Efraín, el hermano de Julián. "Decía que en su recorrido veían en muchas ocasiones a un tigre cerca, que incluso una vez les pasó por debajo de la hamaca".

Con este elemento clave se dio a la tarea de reescribir la obra por completo, tras haber logrado más de treinta ediciones.

Esas experiencias en la selva
Luego de su primera incursión en la selva, tras las huellas de Julián Gil, el "Perdido en el Amazonas", Castro Caycedo realizó dos trabajos más en esa zona del país, en especial para su célebre libro Mi alma se la dejo al diablo.

"En los setenta, estaba joven y caminaba bastante. Recorrí la selva con un indígena todo el tiempo, porque uno se va hacer pipí a diez metros y no vuelve. La vegetación baja es impresionante y no se puede distinguir nada, entonces hay que andar con el indígena hasta para eso".

"Fue emocionante reencontrarme con esos lugares porque uno se da cuenta cómo, por falta de experiencia, no vio y vivió muchas cosas la primera vez. La Pedrera la encontré muy cambiada, porque cuando viajé la primera vez no había narcotráfico, no había guerrilla, los indígenas estaban allí quietos".

El escritor tiene su propio estilo de reportería en la selva: "Grabo lo que me cuentan los colonos y tomo nota de lo que me dicen los indígenas, porque hablan mucho y en sentido figurado, como en la Biblia. Luego, todo lo que me cuentan lo contrasto con un experto, un científico, para entender mejor las cosas".

Ya en Bogotá la tarea fue releer el libro que escribió a finales de los años setenta, subrayar las fallas e ir a subsanarlas. Fueron tres meses de intenso trabajo.

"Siento que es mi mejor libro. Antes pensaba que era Karina y Mi alma se la dejo al diablo . Tengo que ser sincero, he tenido mucha suerte con los libros, todos han caminado muy bien. Perdido en el Amazonas es una historia tan extraordinaria".

No suele guardar mucha documentación de sus investigaciones, sólo la necesaria y para las primeras ediciones de los libros, por si requiere algún respaldo, pero sí conserva las fotocopias del diario encontrado junto a un esqueleto y una Biblia en las selvas del Yarí, donde estaba escrito, Mi alma se la dejo al diablo.