Histórico

Goles, fiesta, emoción y... paso gigante

DOS GOLES DE Dorlan Pabón y uno de Jairo Palomino le dieron el triunfo 3-1 a Nacional sobre Tolima, en el primer partido de la semifinal. Revancha, el miércoles, en Ibagué.

05 de junio de 2011

Ese cabezazo de Jairo Palomino llevaba toda la ilusión contenida de los hinchas que clamaban por el gol de la tranquilidad. El 3-1 fue el desahogo, el descanso, el momento cumbre de una jornada colorida y festiva en la que Nacional dio un gran paso hacia la final del fútbol colombiano.

La emoción del protagonista lo llevó raudo a la tribuna sur, donde celebró cerca de la fanaticada que lo premió con un cerrado coro: "¡Palomino, Palomino, Palomino!" , el mismo que se repitió en los minutos finales cuando lo relevó, por cansancio, Jairo Patiño.

Ayer, en un renovado Atanasio Girardot, volvieron no solo los verdes... la ola, el papel picado, los estribillos, los goles, la fiesta y, sobre todo, el sentimiento colectivo que permitió disfrutar en tranquilidad el espectáculo.

Los 40.022 hinchas gozaron, de principio a fin, en la tarde soleada y máxime cuando al frente había un rival de categoría que, por momentos, asustó frente al arco de Gastón Pezzuti.

La primera emoción nació en los botines de Dorlan Pabón que, a los 17 minutos, abrió la senda del triunfo tras aprovechar una falla del zaguero Julián Hurtado, del Tolima, cuando el panorama estaba enredado.

El mismo Memín, el habilidoso atacante de Campo Valdés, marcó el 2-0 a los 49, con un zurdazo a ras de piso que sacó de su alma, a pesar de los calambres que al final lo sacaron del juego, luego de probar muchas veces su artillería.

El descuento transitorio del equipo vinotinto (2-1), obra de Wílmer Parra, a los 51, no desencajó a los verdes que con ímpetus y amor propio buscaron hasta hallar la tranquilidad con el tanto de Palomino (85'), para ir más tranquilos a Ibagué a jugar los otros 90 minutos.

Razones suficientes para que una afición sonriente y pletórica abandonara el estadio pensando en la revancha, pero sin triunfalismos, como dijo Sachi Escobar.