Grafitis, ¿arte o rayones?
“Los grafitis son cronistas de la realidad que se vive en nuestros barrios”, cuenta el artista de hip hop Jeihhco, mientras camina por las calles de la comuna 13 en el Graffitour, un recorrido histórico, político y estético por los barrios que la conforman.
El grafiti que le da bienvenida a los visitantes es el rostro de cinco raperos que fueron víctimas del conflicto que se vive en la ciudad. Por cruzar una frontera invisible, por no querer hacer parte de un combo o sin razón aparente.
Al recorrido se suman otros hechos históricos como la Operación Orión que se vivió en 2002. “Esta es una forma de decir no más a este tipo de operaciones. No estamos concebidos para la guerra sino para transformar contextos”, dice el grafitero conocido como El Perro.
Pero no solo se pinta en la comuna 13, los grafitis convirtieron a Medellín en un lienzo, por lo que en cualquier lugar de la ciudad se pueden encontrar imágenes o frases que buscan expresar los pensamientos, los sentimientos, los desacuerdos o las locuras de sus creadores.
Son diferentes las opiniones que provocan porque, aunque para muchos son arte y llenan de color y vida los muros, para otros no son más que rayones que ensucian las calles.
El tipo de grafiti que más controversia genera son los tags, es decir, las firmas. También molesta cuando se utilizan propiedades privadas como casas y empresas.
Hay sitios en los que se han hecho jornadas para quitar el gris de las paredes, como son el Zoológico Santa Fe y el deprimido de San Juan.
Para la secretaria de Cultura Ciudadana, María del Rosario Escobar, “la expresión del grafiti es una contracultura y como tal necesita de espacios de creación libre. Al ser una manifestación artística contemporánea necesita ser estimulada y de alguna forma ser atendida por el Estado”.
Para dar este apoyo, en la convocatoria de estímulos a la creación se tendrá un capítulo dedicado a grafitis .