Histórico

GRAN BOSTEZO ELECTORAL

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03 de diciembre de 2013

Languidez de la política. Bostezo de las elecciones. No hay recuerdo de tiempo alguno en que palabras como entusiasmo, ilusión o ideal hayan estado tan ausentes de la cosa pública colombiana. Solamente en La Habana parece alumbrar cierta esperanza, pero más sobre coagulación de sangres que sobre modos para que la inteligencia pase al comando.

Hay que ver esas convenciones de partidos en que, para dar razón al nombre del evento, todo está convenido. Hay que oír las descargas de los perdedores, cuando destapan con guantes de seda las maturrangas de los jefes intocables. No son explícitos, pues las suertes suelen ser volubles, y no conviene perder la lumbre del astro mayor.

Hay que ver el enfrentamiento de delfines. Cuarentones con redonda cara adolescente, que disputan primacías blandiendo los mismos argumentos de sus padres, como si todavía el país fuera aldea recién asaltada por narcotraficantes de aura mexicana.

Hay que ver a los de la otra orilla, eternos balbucientes de puño en alto, mientras chapalean en los mismos lodos de robo, corrupción y trampas por donde durante siglos avanzaron sus denostados rivales. Vueltos trizas, ensopados en siglas que no hablan, claman por unidad hacia adentro y reclaman condiciones para conquistar el poder que mancharon.

La más grande causa que hoy se propone a las multitudes es la repetición de lo sabido. Con tal de que no vuelva a sacar garra el lobo capataz, es preciso mantener al dueño de la finca. No hay juventud, se acabaron las causas, los dos modelos mundiales resultaron similares en ferocidad.

A comienzos de 1990, hace casi un cuarto de siglo, Mario Vargas Llosa, escritor degradado a candidato en su país, declaró que "el poder es profundamente destructor de la integridad, corrompe tremendamente a las personas. Mantener la integridad y además las ideas claras, requiere un esfuerzo muchísimo más grande del que uno puede suponer cuando está lejos del poder".

Vargas Llosa decía que había resuelto hacer política "de una manera muy transitoria". La derrota electoral le hizo respetar estas palabras. La historia ignora qué habría sucedido con su integridad y lucidez de haber ganado. Lo cierto es que sus palabras sobre la corrosión del poder parecen victoriosas para la comprensión del actual gran bostezo colombiano.