Histórico

“HABEMUS PAPAM”

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19 de febrero de 2013

Cuando el papa Benedicto XVI anunció su renuncia al Pontificado, la Iglesia parecía sumida en una profunda crisis, agravada por una avalancha de especulaciones de todos los maliciosos del mundo: unos decían que no aguantó las intrigas, otros atribuyeron su retiro a los escándalos financieros, y algunos aseguraban que no resistió las peleas por el poder entre sus subalternos.

De inmediato, los 117 cardenales con derecho a voto para elegir al sucesor de Benedicto XVI se reunieron y programaron un cónclave, en el que brilló la luz y se apareció el Espíritu Santo. Se dirigió a los cardenales, dándoles la clara instrucción de votar solamente por aspirantes de países donde todos los habitantes, como buenos católicos, se caracterizaran por no robar, no pelear, no mentir y no pasarse semáforos en rojo.

Evidentemente, en minutos apareció una humarada blanca en el techo de la Capilla Sixtina. Instantes después, un impecable cardenal protodiácono, le dio la buena nueva al mundo: "Habemus Papam".

A continuación, en medio de la multitud y mirando a los cielos desde un balcón del Vaticano, de la mano del Procurador, apareció el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, quien por unanimidad fue elegido nuevo Pontífice, y quien en adelante se hizo llamar, su Santidad Ordóñez II.

El presidente Santos le regaló sombrero vueltiao y lo invitó a La Habana.

El nuevo papa se disculpó por no poder asistir, debido a la gran cantidad de tareas que se le venían encima:

Adicional a las de Roy, Shakira y Falcao, el nuevo representante de Dios debía analizar y contestar los millones de peticiones de colombianos que se decían amigos, compañeros del seminario y fulanos con sus mismos apellidos, que alegaban tener derecho a asistir a la ceremonia de coronación papal.

Debía repartir entre los cardenales los millones de empanadas que recibía de los cientos de párrocos de iglesias de tapia y bareque, que se estaban cayendo por no cumplir las normas de sismorresistencia, y que pedían a cambio ayuda económica para hacerles reparaciones urgentes.

En las mañanas, al Sumo Pontífice le tocaba hacer promociones y casar gratis a millones de parejas colombianas que antes no pagaban por irse a vivir en unión libre.

En las tardes vaticanas, el nuevo papa recibía varias llamadas de emisoras colombianas, respondiendo largos cuestionarios que no satisfacían la aguda prensa nacional, y luego debía bendecir, una a una, las ruanas y camándulas de sus seguidores.

Estaba tan ocupado el papa colombiano atendiendo las necesidades pastorales de sus paisanos, que en una semana estaba tan cansado y todos le creímos que renunciaba porque también se le acabaron las fuerzas.