Histórico

"Hacerlo es como componer una sinfonía"

El músico y productor Iván Benavides, el mismo que compuso La tierra del olvido , es el director artístico y de contenidos del Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura.

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30 de junio de 2010

Sus hombros llevan todo el peso del Congreso y uno de ellos la liviana mochila que no se quita "para que los jóvenes se identifiquen conmigo y con este encuentro cultural que también ha sido pensado para ellos", comenta el hombre que está pendiente de todo en este encuentro de alcance internacional que acoge Medellín desde hoy.

Iván Benavides es un todero en el campo de la música, con 27 años de experiencia y todas las credenciales para ser el director artístico y de contenidos del Tercer Congreso Iberoamericano de la Cultura.

Como compositor y productor ha trabajado con artistas como Los Gaiteros de San Jacinto, Liliana Montes, Choc Quib Town, Jaguares, la Orquesta Filarmónica de Bogotá y Carlos Vives, a quien le compuso canciones tan famosas como La tierra del olvidoy Pa' Maité.

En su faceta como músico, Iván hizo parte de Bloque de búsqueda, donde hacía rock con sonidos latinos, y en 1998 creó con el inglés Richard Blair la agrupación Sidestepper, pionera en la electrónica latina.

Es, pues, un hombre que conoce a fondo todos los ritmos. Desde las músicas tradicionales y la clásica, hasta el rock y la música para cine y teatro.

Actualmente es asesor del Ministerio de Cultura y ha participado desde 2008 en la producción artística del Gran Concierto Nacional, que se celebra cada 20 de julio y que este año tendrá 1.102 conciertos en todo el país.

Sobrados méritos para ser la cabeza del Tercer Congreso Iberoamericano de la Cultura, un encuentro de saberes e intercambio cultural que desde que comenzó a pensarse él visualizó como la novela El concierto barroco de Alejo Carpentier.

¿Cómo se concibió este Congreso? ¿Qué retos planteaba?
"Lo primero que se me vino a la cabeza fue El concierto barroco , que narra el encuentro extraño en el siglo XVII entre un descendiente afro, un descendiente mestizo-indio, Federico Haendel y Vivaldi. En un capítulo arrancan estos locos sus conciertos de música barroca y sale el negro Filomeno a tocar con una batería de ollas, y yo decía 'esa es la voz de nosotros en el mundo, en diálogo con el mundo'. Me imaginé el Congreso como un diálogo polifónico, demasiadas voces de 23 países".

¿Por qué vienen los artistas que vienen? ¿Con qué criterio se escogieron?
"Era muy importante tener, por un lado, una agenda con artistas con peso, concepto y algo más que simplemente ganas de hacer plata. Todos ellos están muy comprometidos con que este Congreso no sea solo un encuentro de gente sino que salga una agenda de la música iberoamericana para los próximos diez años. Buscamos artistas que, aparte de convocar público, tengan algo que decirle al mundo. No solamente están cantando sino participando en conferencias, diálogos y paneles".

¿Qué es lo que más le emociona de este Congreso?
"Siento que cuando hicimos la programación era como componer una sinfonía, yo sentía que era una cosa así de grande y de bacana. Yo creo que lo más importante es que este Congreso nos permita encontrarnos a los países que no nos encontramos nunca. Se está reuniendo un montón de gente y creo que esto puede darnos la posibilidad de generar líneas de pensamiento a futuro para diseñar políticas y diálogos de los colombianos con el mundo y con la región".

¿Y para qué les va a servir a los artistas?
"Fíjese que hay una vaina muy loca: Silvio Rodríguez y Jorge Drexler no se conocen. Silvio decía que quería conocerlo porque lo considera de una nueva generación de cantautores con un nuevo lenguaje. ¡Hasta para eso sirve un Congreso, para que los artistas se encuentren! Hay muchas cosas que ocurren a nivel febril detrás de bambalinas. Hay mucha gente encontrándose y buscando cómo se colaboran".