¿Hacia dónde avanzamos?
Estamos próximos a terminar un año en el que cada uno como ser humano se ha embarcado en un viaje lleno de aventuras, travesías, obstáculos y, por supuesto, dificultades que llegan a la vida como un viraje u oportunidad para aprender que es más importante levantarnos que caer.
Hemos asistido a circunstancias sociales hostiles y difíciles, que se convierten en un gran reto para la humanidad, sin importar credos, religión, color, sexo, nacionalidad o lengua.
Humanidad que en las últimas décadas ha permitido que un capitalismo salvaje, la indiferencia, el poder de las multinacionales y banqueros y la falta de amor y tolerancia entre humanos, se hayan tornado en caracteres arraigados en muchas personas, llagas de un mundo adolorido y en decadencia, disfrazadas de Wall Street, Farc, dictaduras, Ku Klux Klan, terroristas, entre muchas otras organizaciones, o en fenómenos de exclusión, avaricia, indiferencia y enriquecimiento a costa de lo que sea.
Un mundo que cree haber evolucionado, pero que solo ha maquillado los males de la esclavitud, el odio, la segregación, la ley del más fuerte, del "ojo por ojo, diente por diente"; y un supuesto neoliberalismo salvador y de masas, pero que al día de hoy conduce a las grandes potencias mundiales capitalistas rumbo al fracaso económico.
Cada día son más las personas que luchan y protestan pacíficamente, y otras tantas violentamente, demostrando la ira, el odio y el rencor represado de muchos años.
Un mundo donde vale más el dinero que la vida y donde la competencia corporativa, la calificación financiera y el crecimiento económico son más importantes que problemáticas humanas de gran calibre como la pobreza, el desempleo, la crisis en la salud, los niveles educativos y la cultura del amor, esta última para muchos cursi y para otros tantos una utopía enmarcada en Jesús.
Un mundo arrodillado ante el poder de unos pocos, pero que este año intentó sacudirse y lograr sentar precedente mundial por medio del movimiento de los indignados , que no solo se encuadra en la llamada Primavera Árabe, sino que también ha provocado en la Europa occidental grandes cambios estructurales como en el caso de Italia, España y Grecia.
Todo esto, y otros tantos sucesos, que se presentan en el mundo como heridas de un pasado sin sanar, un presente de dolor, indiferencia y odio, y un futuro oscuro y lleno de incertidumbre.