HASTA EL PRÓXIMO WILVER
Hace unos meses ocurrió un suceso que cambió para siempre la forma en que miro las calles. Al llegar al colegio en Palmas en el que trabajo, comencé a ver caras de tristeza. Algo horrible había ocurrido. Caminé hasta la sala de profesores y allí me enteré: el profesor Wilver murió la noche previa en plena autopista cuando al caerse de su moto fue arrollado por un carro que pasaba por el sitio. Su cuerpo no tuvo el menor chance de sobrevivir.
Con lágrimas en los ojos, los profesores no lo creían. Y pensaban cómo contárselo a los niños y a sus estudiantes de Cuarto de Primaria que tanto quiso. Wilver aún no había cumplido los treinta, era buen trabajador, perfeccionista, conducía prudentemente y usaba casco e impermeable en los días de lluvia. Jugaba al fútbol, tenía una sonrisa que no olvidamos y le encantaba ayudar. Horas más tarde, yo estaba escribiendo un obituario y sentada junto a mis compañeros en una sala de velación en la que lloraban su hermano y mamá.
Desde aquel día soy incapaz de mirar las vías cuando hay un motociclista tirado en el pavimento. La escena se repite, a veces hasta una vez al día. Si voy en taxi, el conductor me dice: ayer fue una mujer. O un joven. O el papá de unos niños. Algunos muertos, otros heridos. Todos en moto.
Desde que regresé a esta ciudad me impresiona la cantidad de motocicletas que tiene. Hace unos meses y en una tarde de protestas urbanas, ocurrió una escena que me dejó sin habla. En plena glorieta de Santa Gema terminé rodeada por una multitud de ellas. Sentí que no estaba en Medellín sino en otro pueblo o ciudad del mundo.
Aquí recuerdo las historias de seres cercanos que no han podido responderles a turistas y profesionales extranjeros cuando vienen y preguntan: ¿Por qué viajan por los mismos carriles de autopista motociclistas, camiones y carros? ¿Por qué las motos no tienen horas para viajar en ciertos trayectos? ¿Por qué no hay una reglamentación estricta que limite la cantidad? ¿Por qué algunos vehículos no respetan su espacio ni a sus conductores? ¿Por qué algunos motociclistas conducen imprudentemente y todo sigue igual? Esta semana, El Colombiano publicó un informe según el cual, las motos constituyen el 51 por ciento del parque automotor en Medellín y cada mes hay más en las vías. Asimismo y según informes de la Secretaría de Transportes y Tránsito de Medellín, en la semana 39 del 2013, los motociclistas estuvieron involucrados en el 54,56 por ciento de los accidentes.
Algunos parecen haberse acostumbrado a esto y me asusta la indiferencia ante la muerte de un ser. El Talmud dice que cuando se salva una vida se salva al mundo entero. Y al contrario. Aquí recuerdo a “Memo” Ángel quien dijo una vez que al morir alguien no sólo muere la persona que fue sino también lo que iba a hacer, su futuro y aporte al mundo. Mientras no haya reglas más fuertes y una campaña intensa de educación, las historias de motociclistas muertos se repetirán. Y el reloj sigue avanzando hasta que por desgracia, tenga que escuchar la historia del próximo Wilver.