Histórico

Hasta que la muerte lo separe

Loading...
27 de enero de 2009

Las prolongadas reelecciones presidenciales -como la que se anuncia en Venezuela con carácter de indefinida- conducen a las autocracias, antesalas de las dictaduras. Como lo señalaba en reciente reportaje una bella renegada del uribismo, al recordar una frase de la filósofa alemana Hannah Arendt, esas reelecciones, "son el origen de los totalitarismos". Aterrizan en el partido único, en el programa único, en el pensamiento único para tener como epílogo el hombre único.

Chávez quiere ser eterno. Sin contradictores, perpetuarse en el poder. Manejar a Venezuela como un fundo. Malbaratar los recursos que le ha dado el petróleo, comprando adhesiones de gobiernos populistas en aquellas repúblicas que no han podido salir del atraso y el subdesarrollo. Gira a manos llenas, mientras la escasez comienza a extenderse por todos los consumidores venezolanos.

Chávez se cree un iluminado sobre el pensamiento del Libertador. Se proclama el único depositario de la ideología bolivariana. En alguna ocasión, en un encuentro de Jefes de Estado iberoamericanos, Ricardo Lagos, entonces presidente de Chile, le recordó algunas tesis del pensamiento bolivariano sobre el intervencionismo de los países americanos en favor de la nación hermana atacada por fuerzas violentas e ilegales. Insistió Lagos -en aquella reunión celebrada en el Cuzco en mayo de 2003- en que si hubo un hombre que propició la cooperación de las naciones de América en defensa del país agredido fue Bolívar. Chávez montó en cólera frente a aquella lección de historia sobre solidaridad americana. Amenazó con retirarse de aquella reunión, en la cual dejó escapar sus larvadas simpatías por movimientos armados, antípodas de los que soñó Bolívar para instaurar las democracias

Chávez habla de Bolívar y desconoce -o ignora hacerlo por conveniencias propias- tesis del Libertador sobre el ejercicio vitalicio, o cuasivitalicio, del poder. En una carta, que nos hiciera llegar un acucioso lector, ratón de biblioteca como pocos, Bolívar le notificaba al presidente del Senado de Colombia en 1826 que, "La Constitución no quiere que un ciudadano rija la nación por más de ocho años". Y agregaba el Padre de la Patria; "La honrosa lección que me ha dejado el padre de la gran república americana, no debe ser inútil para nosotros. El pueblo quiso nombrarlo nuevamente para la Suprema Magistratura y generosamente mostró el peligro de continuar indefinidamente el poder público en manos de un ciudadano. Tan sublime lección me dice lo que debo hacer? Yo no debo mandar más. Mi gloria me lo prohíbe y la libertad de Colombia me lo ordena".

Quizá algún temerario venezolano se atreva a recordarle al Chávez, esas frases del Libertador Bolívar. Aquel está en trance de ganar el referendo que lo consagra padre vitalicio, así sea acudiendo "a grupos parapoliciales, dispuestos a matar y morir por su jefe" como lo denunciaba ayer el periódico El País de Madrid. Y quien le recuerde ese pasaje bolivariano -así sea en voz baja- podrá despertarle la dura reacción que tuvo en su momento contra Ricardo Lagos, cuando enfurecido amagó abandonar la reunión de presidentes, en vez de dejar a un lado las ambiciones de seguir abrazado con la libido del poder hasta que la muerte lo separe.