HAY ESPERANZA
A pocos días de las elecciones presidenciales, y cuando un escándalo ocultó otro, y todavía quedan tres días para que aparezcan más "sorpresitas", he llegado a pensar que muchos ciudadanos de este país son tontos; si no lo fueran, con seguridad, no estarían pensando en votar ni por Juan Manuel Santos ni tampoco por Óscar Iván Zuluaga. Sencillamente porque lo único que han hecho ha sido corromper, más de lo que ya está, la política en Colombia, y eso ya es mucho decir, porque la política colombiana está tan mal que muchos creen que la pobre está muerta.
A pesar de este y otros panoramas tan terribles que hemos tenido que vivir los colombianos, yo no dejo de creer en la política. No he permitido que los politiqueros terribles me desmoralicen, que es justamente lo que ellos buscan con sus patrañas, con sus mentiras, con sus vocecitas que nunca reconocen que se equivocaron. Yo creo que aquí las cosas pueden ser viables, el deber de los ciudadanos es demostrarles a los malos políticos que los colombianos no somos tan tontos como ellos creen.
La tarea no es fácil; para empezar es necesario eliminar el fanatismo. ¿Cómo? Hay algo contundente: si la información que recibes no te sirve para que cambies ciertas ideas, es porque te gusta hacerte el sordo o te cuesta replantear tu verdad; por eso vas como una gallina ciega hacia el abismo que, pareciera, ves como un paraíso. El fanatismo puede ser considerado una enfermedad y, como decía Voltaire: "Una vez que el fanatismo ha gangrenado un cerebro, es casi incurable la enfermedad (…) Esas gentes están persuadidas de que el Espíritu Santo que les invade está por encima de las leyes, y de que su entusiasmo es la única ley que deben escuchar".
Como sé que muchos de los que apoyan a Álvaro Uribe (y por ende muchos apoyaron en su momento a Santos y ahora a Zuluaga) padecen este mal, les recomiendo a estos fervientes practicantes que repasen más las Sagradas Escrituras, especialmente esas líneas que dicen: "No seas incrédulo, sé creyente". Las pruebas saltan a la vista, no insistan más en la bondad de alguien que desde hace años se "dañó" y ahora, como una pésima versión del rey Midas, todo lo que toca no lo vuelve oro, sino mierda.
La política es algo maravilloso, no permitamos que los malos políticos cambien la esencia. No nos desanimemos, al contrario, que todos estos escándalos nos sirvan para depurar los personajes oscuros, para volver a creer en las ideas, no en los engaños de aquellos que creen que con sus pócimas mágicas nos salvarán. Como ciudadanos debemos elegir que no nos manipulen más. Ya es hora de que despertemos de esa película de terror malísima que tantas veces ha sido protagonizada por la motosierra y la bestialidad.