Hazaña en favela es un ejemplo contra el crimen
Después de una larga guerra para pacificar las favelas, las autoridades de Río De Janeiro retomaron el control de la barriada más peligrosa de Brasil sin hacer un sólo disparo. Hoy la comunidad respira un aire distinto.
Sí es posible aplicar iniciativas de paz en comunidades donde las autoridades usaron la fuerza para luchar contra el crimen.
A esa conclusión llegaron diversos analistas después de que el domingo, en un hecho sin precedentes, cientos de policías y soldados, sin hacer un sólo disparo, ocuparon la mayor favela de Río de Janeiro.
La gran operación militar desplegada en las favelas comenzó en noviembre de 2010 con un objetivo claro: recuperar más de 300 zonas abandonadas por el Estado brasileño, en las que los narcotraficantes ejercían su ley, para mostrar un nuevo Brasil de cara al Mundial de Fútbol de 2014 y a los Juegos Olímpicos de 2016.
Beto Almeida, analista y columnista brasileño, explicó que el inicio de esa operación costó muchas vidas: "Militares, civiles, periodistas y narcotraficantes se vieron envueltos en crudos combates que han dejado cientos de muertos; creo que hemos encontrado una luz esperanzadora al final del túnel".
Y es que las autoridades brasileñas no se habían enfrentado a un reto como el que les planteaba la ocupación de la Rocinha, famosa favela en Río de Janeiro, considerada la más violenta del país.
Jorge Bittar, secretario municipal de la Vivienda en esa ciudad, reveló que las fuerzas de seguridad han ocupado unas 20 favelas en los últimos tres años, pero ninguna de ellas, tan grande y complicada como Rocinha.
Por esa razón, el Gobierno preparó a 3.000 hombres para la operación. Todos quedaron bien armados y con la convicción de lograr la misión a la fuerza, si era necesario.
Mientras tanto, en el mes previo a la operación, el terror se apoderó de la favela: muchas familias se desplazaron temiendo ser víctimas del fuego cruzado.
El día de la ocupación
Llegó el día. Los soldados y los policías iniciaron su travesía preparados para defenderse de una posible lluvia de balas, pero lo que no se imaginaban es que con esas épicas batallas que comenzaron en noviembre de 2010, para recuperar la tranquilidad de esas zonas conflictivas, se habían ganado el respeto de los criminales.
Contra todos los pronósticos, las autoridades no hallaron resistencia en la Rocinha. Los narcotraficantes huyeron atemorizados al conocer la operación
Hoy en esa favela se respira otro aire tras años de vivir a merced del crimen.
Ahora los retos, según el secretario Bittar, son sostener mejores relaciones con la comunidad y mejorar las condiciones sociales, económicas y culturales que llevaron al problema, no solo de la violencia, sino también de la vivienda.