He visto a Voltaire
Esta semana leí un libro de Fernando Savater que se llama "El jardín de las dudas", una obra que tiene la virtud de evocar a un Voltaire que de alguna forma le pasa lo mismo que a otros grandes de la historia como Cervantes, por ejemplo, muchos lo citan, dicen conocerlo pero en realidad no son tantos quienes lo han leído.
Lo interesante de esta obra es que a través de una correspondencia entre Carolina de Beauregard, una francesa prestante que vive en España, y Voltaire, Savater construye una minuciosa biografía de uno de los hombres que mejor encarnó y engrandeció el ilustrado siglo XVIII.
No es en vano, como lo dice Martí Domínguez en un estudio introductorio a las obras de Voltaire que: "el Siglo de las Luces también es conocido como el Siglo de Voltaire".
¿Por qué no el siglo de Diderot o el siglo de Rousseau?
El mismo Domínguez lo responde: "Porque Voltaire fue uno de los primeros fenómenos mediáticos, y antes de su gesta ningún escritor había alcanzado con sus escritos un eco tan prodigioso, tan influyente, tan rico y tan temible".
Voltaire, dígase de paso, fue el primer autor que pudo vivir de sus palabras, fue un profesional de la escritura.
Escritura que desde luego engrandeció desde chico haciendo uso de su elocuente imprudencia y de su extrema facilidad para la sátira.
Cuenta Voltaire, a través de Savater, que después de la rigidez grandiosa de Luis XIV, el país entero decidió tomarse un recreo.
El regente dio ejemplo de ello. La licencia de las costumbres fue acompañada por la de las palabras.
Empezaron a circular numerosos libelos contra el regente, en los que se le hacían todas las acusaciones que nadie se había atrevido a lanzar contra el viejo rey.
Desde luego el joven Voltaire no fue ajeno a esas acusaciones.
"Compuse algunas coplas intencionadas y lancé algunos dardos, muy celebrados por mis conocidos: después me atribuyeron toda ocurrencia crítica que hacía reír y podía molestar".
Uno de los libelos más celebrados se titulaba "He visto" porque todos los párrafos comenzaban con esas palabras:
"He visto al pueblo gimiendo bajo una esclavitud rigurosa, he visto los impuestos abusivos, los estafadores impunes, he visto el soldado que muere de hambre (?) he visto estos males y aún no tengo 20 años".
Casualmente, en aquel entonces, Voltaire acababa de cumplirlos y a dicha composición le acuñaron su nombre.
Lo curioso es que un día mientras el joven Voltaire paseaba por los jardines de Palais-Royal, se cruzó con el regente y éste lo llamó para decirle: "Pienso haceros ver algo que aún no habéis visto: la Bastilla".
A lo que él repuso: "No os molestéis, sire, la doy por vista".
Días más tarde Francisco María Arouet sería llevado a la famosa mazmorra francesa y en ella surgiría el gran Voltaire que bien vale la pena recordar hoy sin más pretextos que un libro casual encontrado en una baratija pero que saltando por los cuentos o por el "Tratado sobre la tolerancia", pueden iluminar siempre este mundo perdido de esas luces que nunca se pueden apagar.
En otro momento podría contar, con la ayuda de Voltaire, lo que he visto en este país al cual todavía no le llega su siglo de las luces.