Histórico

Historia de una nombrada universidad pontificia

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06 de agosto de 2012

Como vivo en Lima he seguido de cerca el conflicto de la antes denominada Pontificia Universidad Católica del Perú, a la cual le fue retirada recientemente por la Santa Sede el título de católica y pontificia porque el quehacer educativo de esta institución poco o nada tenía que ver con el nombre que llevaba.

“Van a tener que usar la violencia para sacarnos de aquí”, dijo en entrevista con The New York Times Pepi Patrón, la vicerrectora de esta universidad; alegando que el nombre no le sería modificado. Y es que las directivas están empecinadas en que se siga llamando pontificia y católica; y no precisamente porque quieren que la universidad se mantenga fiel a los principios cristianos sino porque argumentan que el nombre les pertenece porque lo han registrado en la oficina de registros y reconocimientos de marcas y patentes del Perú (Indecopi), como si este acto estuviera por encima de los acuerdos internacionales.

“La Universidad Católica, por el encuentro que establece entre la insondable riqueza del mensaje salvífico del Evangelio y la pluralidad e infinidad de campos del saber en los que la encarna, permite a la Iglesia establecer un diálogo de fecundidad incomparable con todos los hombres de cualquier cultura”, dice la constitución apostólica Ex Corde Ecclesiae de Juan Pablo II, publicada en 1990. Sin embargo, la PUCP dista mucho de lo que señala este texto.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre. No tiene sentido que las directivas de la PUCP sigan aferradas a un nombre que está en disonancia con la identidad de esta institución. Si el Papa Pío XII otorgó en 1942 el título de pontificia, el mismo Papa Benedicto XVI, hoy tiene el derecho de retirársela.

Pero el problema de esta entidad es mucho más complejo: La Pontificia Universidad Católica del Perú fue fundada en 1917 como fruto del Concilio Plenario Latinoamericano realizado en 1899 en el que el Papa León XII exhortó a las principales ciudades de este continente a la promoción y fundación de universidades católicas. Esta pudo funcionar gracias a la herencia de José de la Riva Agüero, quien dejó varias propiedades para esta institución, con la condición de que conserven las características de una universidad católica. Sin embargo, en 1967 fue la última vez que adecuaron sus estatutos a las exigencias que da la Santa Sede. Desde ese momento comenzó el conflicto que llevó a que se le retirara el título.

Si la PUCP actuó constante y deliberadamente en contra de las enseñanzas de la Iglesia, no le queda otro remedio que cambiarse el nombre y así ser coherente con la identidad laicista que ha decidido adoptar. Es una falacia aferrarse a los títulos de católica y pontificia cuando lo que se vive adentro de estas aulas poco o nada tiene que ver con estos nombres.

*Fraternidad Mariana de la Reconciliación