Histórico

Hitchcock, de Sacha Gervasi. El director y su alma

Loading...
08 de marzo de 2013

Una de las claves de éxito de una película biográfica (o biopic si usamos el término de la industria del cine para referirse a ellas) es que tanto el director como el guionista tengan muy clara cuál es la visión que quieren transmitir del personaje retratado. En la reciente Lincoln, por ejemplo, Spielberg decidió obviar la infancia y la juventud del famoso presidente, para centrarse en una parte de su vida que permitía mostrar lo que él quería: al hombre que antepone sus preocupaciones personales y su familia, incluso sus principios, por una misión mayor. La decisión es perfecta y la película se desarrolla bajo esa premisa.

Ni John J. McLaughlin, el guionista, ni Sasha Gervasi, el director primíparo de Hitchcock parecen tener claro al comienzo de la película qué es lo que quieren contarnos sobre uno de los más grandiosos directores de la historia del séptimo arte. El tono de farsa del inicio (con la presentación que imita al famoso programa televisivo del director inglés) desaparece para dejarle paso al drama sobre un hombre exitoso que no sabe si conseguirá prolongar su racha. Pero ese interesante enfoque también se esfuma cuando comienza a aparecer en los sueños de Hitchcock la figura de Ed Gein, el asesino real en que se inspiró Robert Bloch para escribir Psycho, cuya adaptación al cine se convertiría en su siguiente proyecto. El recurso, aunque original como herramienta narrativa, se convierte en un lastre que entorpece el desarrollo de la historia y confunde al presentarnos a Hitchcock como un sicótico sin control sobre sus emociones.

Tiene que pasar casi media hora de la cinta para que por fin la historia encuentre su rumbo: Hitchcock, con la excusa de contarnos cómo fue que se filmó Psicosis, nos va a describir la relación de amor, mutua admiración y trabajo en equipo entre Alfred Hitchcock y su talentosa esposa, Alma Reville. Comprobaremos, como tantas veces antes, que detrás de un gran hombre hay, casi siempre, una gran mujer. Para hacerlo, Gervasi cuenta con dos soberbios intérpretes ingleses que nunca antes habían trabajado juntos: Anthony Hopkins y Helen Mirren.

Aunque asombra la transformación de Hopkins gracias al maquillaje, es su talento interpretativo el que le da a algunas escenas (aquella en que el director dirige las exclamaciones del público que ve su película es extraordinaria) la belleza que actores menos dotados no hubieran encontrado. Y Mirren, poco adecuada desde su físico para interpretar a la menuda Alma, sale airosa del reto, sobre todo por la complicidad que logra con su coprotagonista en ciertos momentos. Ambos, ayudados por el perfecto diseño de producción, hacen que valga la pena ver Hitchcock a pesar del evidente desorden del guión (que mezcla chismes, mitos y hechos comprobados sin ton ni son) y de la simpleza de su propuesta audiovisual. Puede que no sea la película que le haga justicia a un tipo como Hitchcock, pero al menos logra divertir y entretener a su público, que era justo la principal preocupación del genio inglés.

Twitter: @samuelescritor