Hoy es 31... soñemos
Soñemos con un país en donde todos puedan vivir, y vivir con dignidad. Tener hogar, pan, trabajo, estudio, igualdad de oportunidades. Un país en el que se respire armonía entre todos los seres de la Creación. Un país en el que Dios pueda sonreír a través de cada persona. Esa armonía y esa paz harían de Colombia un anticipo del Cielo.
Hoy, 31 de diciembre es, en la cultura de buena parte del planeta, un día de sentimientos encontrados: de alegrías y tristezas, de risas y lágrimas, de sueños y nostalgias. Hoy termina el año 2010 de la era cristiana, y a las doce de la noche empieza a correr el reloj de 2011. Es un día de balances y propósitos, un día para el recuerdo.
Claro que el ideal sería que tanto el balance, como los propósitos y los sueños fueran una costumbre diaria de todos los seres humanos. Sin embargo, en esta era de afanes, poco tiempo queda para dejar hablar al silencio, ambiente propicio para el encuentro de cada persona con su mente, su corazón y su alma.
Si cada noche o cada amanecer hubiese unos minuticos para dicho encuentro, para una reflexión profunda sobre lo que se ha hecho, lo que se ha dejado de hacer, lo que se debería haber hecho... Es decir, para pensar en las acciones y omisiones, muy seguramente la pequeña parcela de nuestra existencia; el barrio, nuestro barrio; la vereda, nuestra vereda; el país, nuestro país; y el mundo, serían mejores.
Hay pueblos en los que una campana o carillón da doce toques, uno por cada segundo que falta para las doce de la noche del 31 de diciembre. Y a las doce, la gente se abraza, llora o ríe, o llora y ríe, celebra o conmemora y, de todas maneras, recuerda.
Como los números tienen sus curiosidades, cada ser humano podría repetir el ejercicio diariamente. ¿Acaso el día no tiene veinticuatro horas que se pueden dividir por mitades o por cuatro?
En el Cristianismo muchas personas rezan el Ángelus a las seis de la mañana, al mediodía y a las seis de la tarde. En el Islamismo muchas personas hacen su oración diaria a las seis de la mañana, a las doce del día, a las seis de la tarde y quizás a media noche. En el Judaísmo, muchos se reúnen en familia cada viernes en el momento en el que el sol se oculta, para rezar y cantar, porque se inicia la víspera del último día de su semana: el sábado.
Pero dejemos las coincidencias culturales y numéricas y volvamos a lo esencial: hacer el balance del año que termina, los propósitos para el nuevo año, y dejar que los sueños nos permitan volar para imaginar un entorno mejor y llegar al compromiso de poner el pequeño grano de arena, para que ese entorno soñado se vuelva realidad.
Es bueno recordar que los sueños, los escenarios sobre las posibilidades de futuro, son el verdadero motor de realidades nuevas.
Soñemos, entonces, con una Colombia, nuestro país, en paz. Una Colombia donde todos sus habitantes vuelvan a ser hermanos, como lo dice Federico Schiller que le puso su lírica poética al Himno a la Alegría de Beethoven. Soñemos con un país en donde todos puedan vivir, y vivir con dignidad, sin droga. Tener hogar, pan, trabajo, estudio, igualdad de oportunidades. Un país en el que se respire armonía entre todos los seres de la Creación. Un país en el que Dios pueda sonreír a través de cada persona.
Esa armonía y esa paz harían de este terruño un anticipo del Cielo.