Histórico

Hugo y Fredy "nacieron" en la montaña de lodo

ESTOS DOS JÓVENES obreros que trabajaban subcontratados por EPM reparando unos cables se salvaron milagrosamente de morir en la avalancha. Ni ellos mismos creen que hoy estén vivos.

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29 de septiembre de 2010

Se dice que en toda tragedia siempre emerge un milagro, y la del deslizamiento de tierra en Giraldo no fue la excepción, pues así como Hugo de Jesús David Correa y John Fredy Giraldo sobrevivieron y ayer le contaban su historia a todo el mundo, también fácilmente podrían haber quedado sepultados bajo el alud de lodo y piedras.

Muy calmado y de pocas palabras el primero y muy eufórico y expresivo el segundo, ayer contaron esa odisea que vivió cada uno para defenderse y enfrentar como fieras los 80 mil metros cúbicos de tierra que se les vinieron encima y que sepultaron -según se sigue calculando- entre 20 y 30 personas el pasado lunes a las 3:30 de la tarde.

Como todo el país los vio en un video que un geólogo grabó cuando se vino el derrumbe, Hugo de Jesús y John Fredy realizaban trabajos de reparación de unos cables de EPM que habían resultado afectados con dos deslizamientos que en el mismo sitio habían sucedido el sábado y el domingo.

En el video se ve cuando el alud se les viene encima y da la impresión de que la fuerza arrasadora de la tierra termina por llevárselos en la avalancha. Sin embargo, momentos después, quienes presenciaban la escena en el sitio de la tragedia, los ven emerger de la tierra y salir vivos.

John Fredy dice que al recordar ese momento siente escalofrío y se echa bendiciones. Y narra cómo se salvó.

-Yo sé que le grité Hugo, esto se fue, corré, y cuando vi el talud que estaba quedando pelado, ahí fue donde salté, quedé suspendido en la tierra, traté de pegarme con este gancho (lo tiene en sus manos), es una pérdiga que yo usaba para tratar de enterrarlo, pero no me sirvió sino para mermar la velocidad de la caída, porque después tuve que soltarlo para agarrarme con las uñas, con los pies, con lo que fuera. Yo alcancé a ver a Hugo cuando se fue, cuando me tiré a la barranca pelada lo vi, pero pensé que había muerto-.

A sus 32 años, John Fredy es muy consciente de que la vida le dio esa segunda oportunidad que suelen tener todos los hombres para seguir gozando la existencia. Él, a diferencia de Hugo, debió ser rescatado por los campesinos, pues aunque quedó en una zona libre de deslizamiento, sólo estuvo a salvo cuando lo sacaron a un lado de la montaña.

Enterrado hasta el pecho
Diferente fue el momento que vivió Hugo de Jesús, de 23 años y con un año de experiencia en las labores de podador de árboles, que era la que realizaba cuando lo sorprendió la montaña de lodo.

-El trabajo que hacíamos era podar los árboles para que los de la línea viva levantaran la cuerda, ya habíamos terminado, recogimos herramienta y todo, íbamos saliendo, cuando oí que Fredy me dijo: hey, movete que esto se fue, fue cuestión de segundos, porque yo ya iba embarcado en el derrumbe-.

¿Que cómo se salvó? Hugo aún no lo tiene claro. Dice que mientras era arrastrado por la avalancha miraba hacia arriba e incluso veía a su compañero.

-En ese instante uno se aferra a Dios, porque ni tiempo de echarme la bendición tuve, solo dije Virgen del Carmen. Yo iba cayendo, pero como sostenido para que la avalancha no me volteara, porque si me volteaba ahí sí perdía-.

Hugo recuerda que cuando la arremetida se detuvo, él estaba con su cuerpo enterrado hasta el pecho. Y aunque su corazón le latía a mil por el susto, estaba vivo. Y así como Dios no le quitó la vida en la avalancha, también puso otro granito de arena dándole fuerzas para que saliera por sus propios medios.

Afirma que no oía gritos, sólo el ruido de la montaña y de los árboles cayendo. En la noche, cansado de narrarles a los campesinos cómo se salvó, en casa lo recibió su compañera de convivencia, Claudia, y lo amó más que nunca.

A John Fredy lo inundaron de abrazos y besos su madre, sus hermanos y sobre todo su esposa Elda Cecilia Tangarife, junto a sus dos hijos Mateo y John Estiven, de 4 y 8 años. Ellos son su felicidad y desde el lunes su amor por todo ese clan de seres amados se multiplicó. Fue, además, inmensa su alegría al saber que Hugo no había muerto como él lo creyó todo el tiempo.

-Ahora es mi nuevo hermano. Siempre he sido feliz, pero a partir de ahora lo voy a ser más, tengo que ser agradecido con Dios por tenerme con vida después de semejante susto-, repite John Fredy. Y el corazón se me inunda de emoción al escuchar su historia.