Histórico

Implicaciones de la crisis

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01 de octubre de 2008

Los acontecimientos recientes en el mercado de capitales norteamericano ponen de presente la magnitud de la crisis financiera internacional. El estallido de la burbuja crediticia vinculada al sector hipotecario, y estimulada por una política monetaria demasiada laxa, ha puesto en peligro la estabilidad del sistema financiero de Estados Unidos. La transmisión de esa crisis al sector real permite prever un efecto recesivo sobre la economía norteamericana que puede extenderse hasta el año 2010.

Al evaluar el impacto de la crisis a nivel local, conviene evitar tanto las posturas apocalípticas como las actitudes complacientes. Respecto a la primera, sin subestimar sus ramificaciones, la crisis debe mantenerse en perspectiva histórica como un evento recurrente. Habrá una reorganización del sector bancario norteamericano y una reducción de su tamaño, así como un cambio en la estructura de su propiedad accionaria. También estará sujeto a un mayor grado de regulación y supervisión gubernamental.

Pero resulta prematuro pronosticar la inminente desaparición del sistema capitalista. Respecto a la segunda, es cierto que la economía colombiana está mejor preparada ahora para enfrentar choques de lo que estaba en 1998. Ese hecho no debería ser motivo para subestimar la vulnerabilidad externa del país y para insistir en mantener un ritmo insostenible de gasto público.

La realidad de un entorno internacional recesivo y una fuerte restricción en los flujos de capital hacia los mercados emergentes requiere introducir cambios en la política económica gubernamental. Es imperativo reducir el ritmo de crecimiento del gasto público y la subsiguiente necesidad de financiar un cuantioso déficit fiscal. De inmediato, deben modificarse hacia la baja las metas de crecimiento del PIB para este año así como las del 2009. Las metas actuales incorporan proyecciones de recaudos fiscales que no se van a cumplir.

Este sería el momento indicado para hacer los ajustes correspondientes tanto en ingresos proyectados como en gastos. La alternativa sería aceptar un déficit fiscal aun mayor y un incremento significativo en el nivel de la deuda pública. Eso conduciría a aumentar la vulnerabilidad macroeconómica del país en el momento más inoportuno.

Será poco viable financiar un déficit fiscal cuantioso colocando bonos soberanos en los mercados de capital externos. Hacerlo a base de emitir TES tendría efectos nocivos sobre las tasas de interés de mediano y largo plazo. Asignarle prioridad a introducir orden y disciplina en las finanzas públicas sería una saludable señal de realismo y responsabilidad.