Ingrit Valencia quiere tener los puños de oro
No era de arañar o jalarse de las mechas. Las peleas de Ingrit Valencia en el colegio de El Retiro, Cali, eran a los puños. "Siempre peleaba, era de un temperamento fuerte y me iba a los puños con cualquiera. Por eso fue que terminé en el boxeo", dice la única esperanza colombiana de ganar una medalla de oro en el ring.
Ingrit nació y vivió entre los golpes. Los del destino, que le dio su cuna humilde en Morales, un pueblito chico de Cauca. Luego de trasladaron a una vivienda en el barrio El Retiro de la Sultana. También por ese camino que eligió a los 15 años, cuando la llevaron a un entrenamiento de boxeo en Cali, junto a Jorge Aguirre. "Me pusieron a pelear con dos niños y a los dos les di muy duro. Me sentí tan bien que seguí yendo a entrenar", dice esta morena, de ojos color miel, manos fuertes, pero una ternura al hablar que no parece ser una gladiadora en el tinglado.
Le dicen "la zarca" por sus ojos, y "Micho" cuando era más niña en el Cauca por su parecido a un gato. Por eso mismo les cogió fobia. "No los puedo ver, me dan susto". Vivió y creció en sectores deprimidos de la ciudad, hoy sigue en El Jarillón, una de las zonas caleñas de más violencia, y en donde se abrió paso a golpes. "Algo que me sirvió para forjar el carácter".
Pero uno de los golpes más fuertes en el boxeo fue una de sus mayores alegrías en la vida. A sus 17 años llegó John Stiven, su hijo, que es su motivo para vivir y salir adelante, aunque también fue la razón para quitarse los guantes. "Tuve que dejarlo por dos años, porque estaba pendiente de él. Pero volví y cada vez me siento más fuerte".
Para una chica con menos de 50 kilos de peso, recibir los golpes de sus rivales no ha sido lo más duro. Sin ningún apoyo de la Liga del Valle del Cauca ni de la Federación Colombiana, vive de lo que le da su entrenador Jorge Aguirre, quien apostó por ella. "Me levanto, entreno, cuido a mi niño, me vuelvo a entrenar, y lo vuelvo a cuidar. Me estoy dando esta pela, porque tengo sueños grandes, pero por plata no ha sido", sostiene quien aprovecha los sábados para estudiar su bachillerato.
Hoy, con una final panamericana sobre sus hombros, estará en la Arena Expo ante la canadiense Mandy Marie Bujold y esa ilusión de llegar a Olímpicos, Ingrit recuerda sus malos momentos. Pero también como los espantó a golpes. "Eso quiero hacer con la canadiense".