Histórico

Jobs: escuchar la voz interior

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06 de octubre de 2011

No es un golpe de suerte lo que ocurrió en la vida de Steve Jobs, quien acaba de morir tempranamente. Su éxito económico. Su creatividad singular. Su conexión con las leyes de un mercado implacable, pero al que siempre le fue posible torcerle el pescuezo. Su ulterior batalla al anuncio de su cáncer de páncreas. Una batalla que tampoco perdió porque fue consciente de que su vida se acortaba para hacerse más intensa. De tantas cosas que dijo hay un par de frases con las que me identifico cerreramente: "No permitáis que el ruido de las opiniones ajenas silencie vuestra voz interior. Y más importante todavía, tened el valor de seguir vuestro corazón e intuición, porque de alguna manera ya sabéis lo que realmente queréis llegar a ser. Todo lo demás es secundario".

Siempre hay situaciones al límite y personas de esas que llamamos "carros de basura" (que se levantan cada día a regar sus desechos por todos lados) que ponen a prueba nuestra capacidad de mantener firmes los principios y los sueños que nos mueven.

A Jobs, después de fundar Apple , lo despidieron. Estuvo atrapado durante meses en una frustración que uno alcanza a medio imaginarse. Pero de allí resurgió aquel genio que estaba dispuesto a todo, llevado por sus pulsiones, por una corazonada inexplicable pero siempre presente: ser el más importante creador de adminículos tecnológicos que han cambiado para siempre las posibilidades digitales de entretenimiento, conectividad e información (iPod, iPhone, iPad). Jobs, un Quijote.

Es lo que uno debe decirles a los chicos a menudo: no se rindan. No sucumban a quienes los niegan, a quienes -como le escribí alguna vez a mi hijo- les sonríen pero realmente quieren escupirles azufre en la cara. Ellos son perdedores. Viven del gesto falso y de obsesionarse con impedir el paso de aquellos que confían en que, tercamente, caminan el camino correcto.

Jobs fue particularmente ácido con sus competidores de Microsoft porque, según él, copiaron pobremente muchos de sus desarrollos de hardware y software. "El único problema con Microsoft es que no tiene gusto. No tiene absolutamente ningún gusto. Y no lo digo de manera pequeña, lo digo de manera grande, en el sentido que no tiene ideas originales".

Pensar en Jobs es pensar en la imposibilidad de parar, de frenar, de contener los impulsos creativos de aquel 20 por ciento de la humanidad que carga en hombros al resto. Estos días, leyendo un libro que me regaló una amiga con nombre de reina (Ana Victoria), leía sobre las mentes rígidas (dogmáticas), las líquidas (acomodadas) y las flexibles (capaces de reinventarse) y llegaba a conclusiones muy parecidas a las del hermoso discurso de Jobs en la Universidad de Stanford, cuando se graduó ad honorem : "seguid hambrientos, seguid alocados", dijo citando una publicación de su época universitaria.

Oigan, jóvenes (de edad o de espíritu), no se detengan, es mentira que todo esté ya inventado o hecho.