Histórico

Juéguesela Presidente

18 de febrero de 2009

Después de la euforia por las liberaciones y escuchar y leer las extensas entrevistas y relatos de los recién liberados, sobre los pormenores de su cautiverio y su interés de que se concrete de manera urgente el intercambio humanitario, se da simultáneamente a nivel nacional una importante controversia entre los diferentes sectores que mueven la opinión, acerca de si la liberación unilateral de los secuestrados por parte de las Farc obedece a un acto político o humanitario, si ese gesto es el principio del camino que nos llevará a la paz que tanto deseamos los colombianos o se constituye, según el Gobierno, en una nueva farsa o engaño de la guerrilla, que por un lado endulza y por el otro golpea con sus actos atroces de muerte y destrucción.

Independiente a las disquisiciones, la ciudadanía se mantiene expectante a las gestiones que  realizan los integrantes del movimiento “Colombianos por la Paz”, quienes en el diálogo epistolar que han instaurado con las Farc, plantean la posibilidad de continuar ambientando el intercambio humanitario, como generador de confianza entre la insurgencia y el gobierno para una futura negociación, con el fin de acabar con tan sangrienta guerra no declarada formalmente y con la cual convivimos desde hace varias décadas en medio del dolor, la incertidumbre y el horror.

En el gobierno nacional no existe unanimidad y persistencia sobre cuál debe ser la salida a esta cruenta guerra y al flagelo del secuestro. Por una parte, asesores muy cercanos al Presidente descartan de manera absoluta un acuerdo humanitario; pues argumentan que conceptualmente no existe una guerra entre Estados, ni entre fuerzas beligerantes. Por la otra, en cambio, el presidente Uribe al exaltar a los ganadores de El Colombiano Ejemplar, manifestó la voluntad política de su gobierno de estar dispuesto a hacer el intercambio, si éste se hace en función de la paz y no para promover la violencia, y a las pocas horas en otra intervención nuevamente el Ejecutivo nacional endureció su posición,  al ordenar a las fuerzas armadas intensificar los operativos militares para la liberación de todos los secuestrados. 

Estamos en un año inminentemente electoral en el que las estrategias empiezan a jugar un rol importante. El Gobierno manejará sus ases para la consolidación de la política de la seguridad democrática y la guerrilla tratará de recuperarse de su deteriorada imagen para poder incidir en la próxima contienda electoral. Sin embargo, lo importante en este ajedrez político, es hacer votos por el acuerdo humanitario, para que no caiga en el congelador en detrimento de la libertad de quienes aún se encuentran de manera infrahumana en lo más profundo de la selva.

Señor Presidente, juéguesela de una vez por todas por un diálogo directo y franco, cara a cara, como lo propone Monseñor Luis Augusto Castro, para la solución del conflicto. Asumirlo no significa debilidad ni mucho menos cambio de estrategia o de política; por el contrario, se constituiría en un acto de valor y de generosidad, que sería apoyado por el pueblo colombiano y la comunidad internacional, que le reconoce a usted como gobernante su pulso firme y su corazón grande.