La alegría de viajar
Sólo a mis sesenta y pico pude realizar el sueño de viajar por Europa. No estoy chicaneando de que soy muy pudiente, no lo soy. Para ello tuve que trabajar 36 años y cotizar en el Seguro 1.700 semanas. Pero no hay nada que enseñe más y que se pueda disfrutar más que un buen viaje. Comparto algunas primeras impresiones. España es un país alegre, pleno de vida. Se come delicioso. Madrid es encantador, Barcelona es un sueño que amalgama el mar con la montaña. En ambas ciudades valdría la pena vivir. Me habían dicho que los españoles eran antipáticos. Pero sólo encontré amabilidad, calidez. En el metro, en los restaurantes, en la calle. Ir de tapas, disfrutar sus vinos, comer la paella y conversar son una gran experiencia. Los museos son un viaje al fondo del ser humano.
Francia es arrobadora. Disfruté los quesos hasta hartarme. Los vinos son variadísimos y todos buenos. Los franceses son los reyes de los postres. París es una hipnosis. Sus museos son un viaje fantástico por la imaginación y la calidad. El Mt. San Michel es como caminar por dentro de un biscocho de novia, es experimentar un sueño en la realidad. Disfrutar la emoción de los castillos del Loira es revivir la historia de los caballeros y de la humanidad. Pararse al lado de la tumba de da Vinci, en Ambois, es estacionarse en la cima del tiempo y del espacio.
Bélgica y Holanda son la fantasía hecha carne. Los chocolates, los canales, los restaurantes, el arte. Bruselas y Brujas son la belleza hecha exageración además que inventaron las papas fritas. Amsterdam es una sorpresa en cada esquina, buena y mala.
Italia no tiene parangón. Desde Roma la eterna, hasta Capri la ensoñadora e idílica, la fantasía que explota. Pompeya con su misterio en cada ruina. Hasta Nápoles, el reino de la mafia que campea por doquier en medio de la belleza ancestral que se niega a sucumbir. Florencia, arte ella misma. La costa amalfitana que engolosina los sentidos. La costa norte de Cinque Terre, entre Génova y Pisa que puede considerarse una belleza exagerada. Asís es vivir hoy la edad media y un éxtasis espiritual. Venecia, la novia de la humanidad. Roma siempre ignota, siempre vigente. El museo Vaticano y la capilla Sixtina son un recorrido por la historia de la belleza y el asombro. La gente que habla duro y con ganas, que practica la conversación como hábito y deporte.
Pararse al lado del David, de Moisés, de la Gioconda, del Cristo de Velázquez, de la Venus de Milo, de las obras explosivas de Gaudí y Calatrava, es experimentar la gloria.
Ahora de regreso a Colombia hay que reconocer que sin duda nuestro país no tiene lo que poseen estos países, pero que estos países tampoco poseen lo que Colombia tiene. Alejarse es conocer mejor lo que se tiene y valorarlo mucho más. Experimenté lo máximo, pero me siento feliz de vivir en Colombia que pese a todo, es sin duda el mejor vividero del mundo.
Nota : ¡Cuidado paisas! En obras públicas nos están metiendo el dedo a la boca. Una muestra es la doble calzada de Caldas.