Histórico

La autodestrucción de los verdes

27 de mayo de 2011

Pocos eventos logran crear una sensación de acompañamiento en el que la población alejada de la política (que es la mayoría), decida recorrer un camino junta. El rechazo a las Farc materializado en la elección de Álvaro Uribe en 2002 y la ola verde de 2010 son ejemplos de eso.

En el primero de los casos se capitalizó tan bien, que alcanzó para modificar la Constitución y lograr un período adicional que desde el principio estuvo asegurado; pero en el segundo, se dejó pasar una oportunidad más grande que la que tuvo el expresidente. La razón es que el uribismo ha sido desde siempre un movimiento personalista que sólo funciona si el líder está ahí, mientras que los verdes tuvieron el chance de desligarse de las personas y crear una corriente atada a unos valores que habrían dado combustible para fortalecerse en las elecciones regionales de este año.

Sin embargo optaron por ponerle a ese sentimiento la cara de una persona: la de Antanas Mockus; que se encargó de diluir, a partir de la incertidumbre de sus palabras, la fuerza de la ola.

A pesar de su excandidato presidencial, los verdes no tenían necesariamente un certificado de defunción firmado: había oxígeno y de sus movimientos iba a depender lo larga que fuera su vida. Pero desde hace un par de meses decidieron con una miopía sorprendente, que el rumbo de ese partido iba a pasar sólo por Bogotá y, más aún, por la candidatura de Enrique Peñalosa a la alcaldía.

Los enfrentamientos y los celos que no mostraron en la campaña presidencial han salido todos en estos días y de manera asombrosa le permitieron a un tercero romper la unidad. Hoy es más noticia la pataleta de Mockus por las palabras de simpatía de Uribe hacia Peñalosa que la que deberían estar promoviendo en toda Colombia: el resurgir de la ola verde.

Los comentarios de Mockus en las redes sociales, un espacio donde radica la fortaleza de los verdes, se dirigen sólo a mostrar división. Es decir, si lo que quieren es presentar un partido en mil pedazos, esa estrategia les está funcionando como un reloj.

Como muchas veces estos dirigentes tienen la costumbre de no escuchar a los que no les soban el saco, entonces ahí tienen la carta pública que mandó Sergio Fajardo hace pocos días en la que les dice a sus copartidarios en tono perentorio: "Si no respondemos ya a las exigencias, seremos responsables de la desidia que permitió el aniquilamiento de una gran esperanza".

Nada más para decir, desde adentro se los dijeron todo.

P.S.: El Partido de la U prolongó su escogencia del candidato a la alcaldía de Medellín, esperando que regrese el expresidente Uribe y dé un guiño efectivo, que no llegará. Se siguen enredando y cuando quieran reaccionar no tendrán manera de hacerlo, habrán conducido su colectividad a una explosión desde dentro, y esa es muy difícil de revertir.