Histórico

La ciudad inarmónica

19 de octubre de 2008

La estética urbana está desequilibrada. La ciudad que vemos y que alaban los visitantes es muy atractiva. En cambio, la que oímos en continuo y creciente ronquido es aturdidora. La impresión visual que Medellín causa es muy agradable. Pero el impacto sonoro es desastroso. La contaminación acústica o ruídica rebasó hace tiempos todos los límites tolerables. Son abundantes los diagnósticos, pero escasean las soluciones y los modos de control.

No hay espectáculo público en el que se respeten los niveles razonables de presión sonora, que no deben superar los 75 u 80 decibeles. Y es casi redundante insistir en la altísima densidad del parque automotor como fuente de perturbación. Se revienta cualquier sonómetro que se instale en alguno de los sitios neurálgicos identificados.

En la gente joven está arraigándose una deplorable distorsión de la facultad de diferenciar entre el sonido y el ruido. No le resulta fácil distinguir una sinfonía de un reguetón. Hasta en los centros educativos se organizan festivales en los que la consigna parece que fuera deteriorar la capacidad auditiva, como si se ignorara que el ruido afecta la salud. Cuando se utilizan equipos amplificadores suelen tener mayor acogida los más estridentes. Abundan los sordos potenciales. Hasta en las reuniones familiares, quienes quieran sostener una conversación normal tienen que apartarse del espacio que les enajenan los ruidómanos.

La estética visual de Medellín es incomparable. La capital policromada de la moda y el diseño de vestuario es también la ciudad embellecida con avanzados desarrollos arquitectónicos, verde y florecida en escenarios públicos y privados y rodeada de montañas, iluminada por la Navidad como ninguna en los fines y comienzos de cada año, renovada con un plan edificante de bibliotecas y escuelas públicas y consagrada con las obras de Botero, el artista más famoso del mundo, a la vista de propios y extraños. Sin embargo, la estética sonora es vergonzosa. Sería interminable la lista de los ejemplos ilustrativos.

Una ciudad es de verdad vivible, en el sentido de su sintonía con finalidades éticas, si se aseguran relaciones de convivialidad entre los asociados y entre estos y el hábitat. Lo estético es esencial para que pueda verificarse lo ético en la vida urbana. Si no hay equilibrio entre ética y estética y, más todavía, si no se armonizan los elementos visuales y acústicos de lo estético, la habitabilidad urbana se vuelve una pesadilla insostenible.

Medellín es una ciudad inarmónica, en la doble acepción de la armonía, como equilibrio de sonidos y correlación entre los factores visuales y sonoros. Estos temas podría también debatirlos el Concejo, en las sesiones en que no esté ocupado discutiendo sobre el buen humor de Montecristo y el mal genio de los detractores de la fiesta brava.