Histórico

La desfiguración de san Nicolás de Bari

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09 de diciembre de 2010

San Nicolás de Bari -origen de 'Santa Claus' o 'Papá Noel'-, nació en una ciudad de Turquía en el año 270 y murió en el 345. Sus padres eran muy ricos y cuando murieron san Nicolás repartió su fortuna entre los pobres y se trasladó a Myra, donde fue consagrado obispo de manera por demás extraña: se dice que varios sacerdotes y obispos, tras la muerte del obispo del lugar, discutían quién sería su reemplazo, y como no llegaron a un acuerdo, decidieron que fuera el próximo sacerdote que entrara al templo y, casualmente, fue san Nicolás. Fue un obispo importante; brilló en el Concilio de Nicea, al condenar las doctrinas de Arrio en contra del dogma de la divinidad de Cristo. Para combatir errores era apacible pero cuando se trataba de proteger a los débiles actuaba con gran energía, inclusive cuando ya era un anciano.

Cuentan que supo de tres jovencitas que no podían casarse porque no tenían dote y, sin ser notado, dejó caer unas monedas de oro entre las medias que las jóvenes habían dejado secando en la chimenea: de ahí la costumbre en algunos países de colgar medias en las chimeneas en época de Navidad y que se le tenga por patrono de las parejas que desean contraer matrimonio.

Se le atribuyen muchos milagros, el más popular, el de haber resucitado a tres niños sacrificados por un hostelero; también salvó la vida de tres generales injustamente condenados a muerte y a un grupo de marineros que, en medio de una tempestad lo invocaron, el santo apareció sobre el barco y la tempestad se calmó. Durante la Segunda Guerra Mundial, en un bombardeo a Bari, a una madre se le perdió su niño y este apareció horas después en la puerta de la casa sano y salvo; el niño contó cómo un hombre que describió como san Nicolás, lo ayudó y lo llevó de regreso a su casa.

Lo cierto es que san Nicolás, un gran santo, trabajador, inteligente, generoso, obsesionado por ayudar a los desvalidos y a los niños, con el pasar del tiempo se vio desfigurado hasta perder seriedad, santidad, valor doctrinal, para convertirse poco a poco en la figura que hoy conocemos, de payaso, gordo, barbado, con gorro de enano, que invade vitrinas, promociones, fachadas, porterías; hay almacenes que contratan en diciembre empleados para que con ese disfraz se instalen en sus negocios, repitiendo tontamente jo, jo, jo. En el siglo XX Coca-Cola encargó al pintor Habdón Sundblom una remodelación de Santa Claus/Papá Noel, y hay quien diga que el color rojo y blanco de Santa Claus tiene origen en los anuncios que Coca-Cola hizo a partir de 1931.

Es lo cierto que esa imagen de payaso desplazó en muchos lugares al Niño Dios, y se convirtió en empleado de mercadeo que invita a comprar y comprar y comprar. Los niños, inclusive los adultos, asocian hoy la Navidad con montañas de regalos al pie de un árbol plástico desarmable, trajín, ruido y la figura de Santa Claus, más que con el pesebre y el Niño Jesús, cuyo nacimiento es el verdadero origen de las festividades decembrinas, centro y razón de ser de la Navidad, aquel que en medio de la Virgen y San José, rodeado de pastores, con tres reyes adorándolo y fondo apacible de ingenuos villancicos, debería ser el eje de atención de niños y adultos.

¿Qué diría san Nicolás, tan austero, si se viera desplazando al Niño, convertido en figura que invita a la superficialidad?

* Miembro del Centro de Fe y Culturas