La economía condena a Berlusconi
La Unión Europea enfrenta el más difícil momento de su crisis ante la inminente salida del primer ministro italiano Silvio Berlusconi, que no solo perdió el apoyo del Parlamento, sino que su intransigencia provocó ayer que la prima de riesgo de su país se trepara a 574 puntos porcentuales en los mercados de deuda, lo que pone a Italia en riesgo de tener que acudir a un rescate como el griego o el de Portugal.
Hace rato, los mercados dejaron de creerles a los políticos. Y Europa entera, plagada de políticos, que no de líderes, sufre hoy más que nunca la destorcida de los mercados con la otrora poderosa Italia comandando el pelotón de las angustias; y su líder, Silvio Berlusconi en retirada de la competencia.
Ni los apresurados anuncios del Presidente de Italia, Giorgio Napolitano, de que la dimisión del primer ministro Berlusconi es un hecho cierto que se dará en pocos días (se habla de domingo), evitaron otra caída libre de las bolsas europeas, pero en especial la italiana, que ayer superó todos los pronósticos de la incertidumbre, cuando la prima de riesgo alcanzó los 574 puntos porcentuales, 74 puntos por encima de la que precipitó la intervención fiscal de Portugal hace poco más de un año.
Ya no es Grecia el enano que amenaza al gigante de mil cabezas que es la Unión Europea, sino un gigante como Italia convertido en enano, debido a las excentricidades de su líder, la irresponsabilidad de sus aliados y la incapacidad de los políticos.
Las estrepitosas caídas del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, y ahora la de Il Cavaliere, no serán las únicas, así algunas otras se demoren un poco más.
Por ejemplo, la del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien, producto de la crisis económica y las protestas sociales, tuvo que adelantar las elecciones para este 20 de noviembre, cuando todos los sondeos le auguran una contundente derrota a manos de su archirrival, el Partido Popular.
O la de Ángela Merkel, la todopoderosa canciller alemana, que ha sufrido en el último año seis reveses electorales en zonas donde su partido, la Unión Cristiano Demócrata, era amo y señor del electorado, pero que también sufre la crisis de confianza y de credibilidad que padece el pleno de la Unión Europea. No menos comprometido está el futuro político del presidente francés, Nicolás Sarkozy.
Más por razones de cálculo político que de pragmatismo económico, Europa parece estar fracasando en su sueño de tener una comunidad competitiva y socialmente sostenible. La creación de una moneda única como el euro no es ni será suficiente para mitigar las profundas desigualdades y necesidades de los países que conforman la Unión. Y mucho menos que para paliar la crisis de la zona sea posible, razonable y duradero, aplicar por igual el modelo de rescate que exigen el FMI y el Banco Central Europeo (BCE).
El llamado que en ese sentido ha hecho España a ambos organismos multilaterales de crédito para que flexibilicen los planes de austeridad, según se avance en el saneamiento fiscal, es oportuno y necesario antes de que la presión termine por reventar el resto de la cadena, sobre todo en los eslabones con mayor peso.
Lo que no es posible es prolongar en el tiempo las decisiones que debieron tomarse hace rato. Y eso incluye la salida de quienes son, en buena parte, los responsables de esta nueva crisis económica mundial. Una crisis que no es de plata, sino de liderazgo.
Porque como lo dijimos hace unos días, no siempre la economía va en la misma dirección de los políticos. Solo que ahora, y no por azar, los mercados les han dictado sentencia a Berlusconi y Cía. Resta esperar quién será el próximo, porque lo habrá.