La foto de nuestras violencias
El reciente informe de Medicina Legal, "Forensis 2010", nos permite dimensionar cómo estamos en materia de criminalidad y violencia y qué deberíamos hacer como sociedad para superar la historia de tragedia que nos persigue. El año pasado hubo menos homicidios, pero no logramos poner a salvo a muchos jóvenes y nuestros hogares siguen siendo cada vez más disfuncionales.
El más reciente informe anual Forensis 2010, Datos para la vida, que Medicina Legal entregó el martes, nos ha vuelto a mostrar la foto más exacta de nuestras violencias y las tendencias sobre los comportamientos que los colombianos seguimos teniendo en materia de criminalidad, accidentes de tránsito, maltrato intrafamiliar, abuso contra menores y eficacia de la justicia.
Y como en todo informe, hay cosas para destacar, y otras que nos deben generar preocupaciones y motivos de reflexión como sociedad. Lo primero, para decir que siempre será positivo que la vida sea un valor superior, y el hecho de que el año pasado se hubieran registrado 258 homicidios menos respecto de 2009, es una buena noticia. No lo es tanto comprobar que 17.459 colombianos murieron asesinados en el mismo período. Las muertes violentas sumaron 29.922 en 2010, 559 más que en 2009.
Valioso también saber que 92 personas menos fallecieron como consecuencia de los accidentes de tránsito, pero lamentable que por causas propias de los abusos en las vías, la violación de las normas, la impericia y la intolerancia de los conductores, perdieran la vida 5.704 personas. Detrás de este dato hay un fenómeno que también nos obliga a reflexionar. La mayoría de víctimas fueron motociclistas (2.665, siete por día) y se cambió una tendencia que venía de años anteriores, cuando los más afectados por las muertes en accidente de tránsito eran peatones.
Preocupante, y obliga a revisar la normatividad vigente, es verificar con Medicina Legal que muchas de estas muertes por accidente en motos se pudieron evitar si se hubiera hecho un uso adecuado de los elementos de seguridad, como los cascos. Llama la atención del Instituto que muchas de las víctimas jamás pasaron pruebas de adiestramiento para optar por una licencia de conducción. La laxitud de las leyes y la falta de conciencia siguen siendo muy costosas para el país, en vidas y en dinero.
La violencia, según el informe, se ha focalizado y mantiene dos grandes ejes. Las muertes por causa del conflicto armado están concentradas en Guaviare, Arauca y Cauca, pero la urbana sigue golpeando con fuerza en Medellín y Cali. De ahí que resulte fundamental avanzar en las políticas integrales de lucha contra las guerrillas, las bandas criminales y el narcotráfico en las zonas rurales, y se afiancen las estrategias contra el microtráfico de drogas, el tráfico de armas y la microextorsión en las grandes ciudades.
Dentro de los hallazgos del informe, dos resultan mucho más preocupantes: el aumento en los casos de quienes se quitaron la vida el año pasado y el incremento en las cifras sobre violencia interpersonal e intrafamiliar, manifestaciones ambas del grado de disfuncionalidad de las familias colombianas, con devastadores efectos sobre los jóvenes entre los 15 y 25 años.
Una foto dura y compleja, que demanda un trabajo integral de toda la sociedad. Recuperar los valores, en especial el de la vida, afianzar la institucionalidad del país y colaborar con las autoridades, fortalecer la unidad familiar y priorizar la autoridad de los padres, abrir espacios dignos para la educación y el trabajo de los jóvenes, cortar con esa cultura del dinero fácil, y demandar una justicia pronta y eficaz. ¿Será posible?