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La gallina está desplumada

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26 de septiembre de 2008

Después de unas cortas vacaciones hubiera querido compartir con ustedes la experiencia de la visita a ciudades como Praga, Viena y Budapest, para entender qué pasa en ellas cuando el turismo les permite vivir, pero literalmente las secuestra.

En otra ocasión podré hacer para ustedes una reflexión sobre Medellín. ¿Queremos construir una ciudad para vivir o para mostrar? ¿Cómo se logra ese equilibrio en una ciudad para sus habitantes, para su calidad de vida pero también para recibir visitantes, congresos y eventos? ¿Una ciudad abierta al mundo?

Pero como columnista de opinión por más de treinta y cinco años, nadie entenderá que, muy a mi pesar, no me refiriera al caso de mi hermano Guillermo León.

Debo reiterar el profundo dolor que embarga a toda la familia. El amor fraterno está por encima de cualquier contingencia, porque este amor es incondicional.

Ya expresé que Guillermo cuenta con todo nuestro apoyo emocional y afectivo. La unión por la sangre es más fuerte que la unión por conveniencias.

Me ha llegado al alma un mensaje, de miles y miles que podría resaltar, de mi amigo Español Pepe Blanco.

"No sé qué es lo que está pasando con tu hermano pero cuenta con mi solidaridad porque con el amigo se es solidario, con razón o sin ella".

Sin embargo nosotros no podemos ignorar la conmoción social que este hecho provoca. Es que somos una familia pública y mientras más altos sean los cargos que se ocupen, más obligaciones tenemos con la sociedad a la cual servimos y que ha creído en nosotros.

Guillermo León tiene que decir la verdad ante los jueces por convicción, por respeto a sí mismo y por consideración a la comunidad toda.

Por las declaraciones públicas de algunas autoridades y por el tratamiento de algunos medios de comunicación, él ya ha sido juzgado.

Ahora es el turno de la justicia. Corresponde a la Fiscalía presentar los cargos y las pruebas que contra él tenga.

Y tiene la oportunidad Guillermo León, después de siete solicitudes hechas a la Fiscalía desde el 5 de agosto, que le oigan sus razones, que debe también sustentar probatoriamente.

A nosotros, en el interior de la familia, nos ha jurado por la memoria de nuestro padre, que no tiene, ni ha tenido nexos, ni vínculos con organizaciones criminales. Creemos en ese juramento.

Todo este episodio, fuera del dolor interno, nos ha metido en el fuego purificador enseñándonos lo frágiles que somos y lo susceptibles de fallar.

No solo acatamos sino que acompañamos a la justicia.

Ya lo de "nuestra imagen" lo superamos. Este no es un problema cosmético sino de esencia. Hemos cometido errores, "setenta veces siete cada día", como dice la Biblia. Somos de la condición humana. Pero nuestra esencia y nuestros valores siguen intactos.

No nos preocupamos por las plumas, no es posible volverlas a su sitio, ya la gallina está desplumada.