Histórico

La historia de unos desplazados

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14 de diciembre de 2008

En la época del nacimiento de Jesús no existían los periódicos de grandes tirajes, ni la radio, ni la televisión, ni mucho menos internet. La mayoría de las noticias se transmitían de manera oral, por los pregoneros del gobierno, generalmente.

Por eso, cuando los habitantes de Nazaret se enteraron de que debían censarse en la ciudad de la cual eran oriundos, José le comunicó a María que necesitaban viajar lejos. No importaba el avanzado estado de su maternidad.

Era un viaje obligado en contra de todas las circunstancias normales. No tenían dinero para el transporte y el alojamiento. José debía abandonar su taller y por lo tanto no cumpliría con los tratos pendientes y dejaría de percibir los centavos que necesitaban para sobrevivir. María se encontraba embarazada y no era conveniente una jornada tan larga, aunque ella sí recordó la escritura que afirmaba que el Mesías nacería en la ciudad de David. Y obedecieron. Y salieron de Nazareth como las miles de familias que en nuestro país tienen que dejar sus casas para ir a otras partes desconocidas, obligadas por factores externos que no les consultan, que no les convienen, que se les imponen. Son los desplazados.

La pareja arribó, cansada y preocupada, a la aldea de Belén. No tenía conocidos, no había dinero para pagar la posada. José y María caminaron por todo el pueblito y nadie les dio albergue, a pesar de su avanzado embarazo. Todas las casas estaban llenas. Las escuelas repletas. Tocaron una y otra vez en las puertas de los gobernantes, de los campesinos, de todo el pueblo. Nada ni nadie se apiadaba de ellos.

Caminaron sin rumbo como lo hacen hoy cerca de dos millones de desplazados en Colombia, a la espera de la caridad pública. Alguien les contó que bajo un puente había un espacio vacío, perdón, en una gruta en las afueras de Belén. Allá fueron porque María empezaba a sentir contracciones. Y ahí, desplazados por una circunstancia injusta, en contra de la naturaleza y de su voluntad y en medio de las peores condiciones, María se preparó para dar a luz a Jesús, en circunstancias parecidas a las de tantas familias colombianas en los refugios de Urabá, Remedios, Bolívar, Llanos Orientales...

José no tuvo un semáforo para pararse a pedir, sólo pudo aguantar y empezar a vivir, con lágrimas en los ojos, la injusticia humana.

Un bebé va a nacer en medio de la tristeza, la angustia, el hambre, la incomodidad, el frío, con la sublime misión de traer la paz, la paz que sólo los hombres de buena voluntad pueden entender y alcanzar. Un buey, guardado en la misma cueva, daba calor a la pareja. Unos papeles quemados en una caneca calientan el alma del millón de desplazados que nos rodean.

Jesús decidió ser hombre, y no de los más ricos, sino de los que venden rosas o chicles y que tanto nos molestan en los semáforos...