Histórico

La impresora de Obama

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11 de octubre de 2010

Esta semana se realizó una videoconferencia entre el próximo candidato al Nobel de Economía, Hugo "me quedo en el poder" Chávez y el futuro volante de marca de la selección boliviana de fútbol, Evo "el Pimentel" Morales. El motivo del pintoresco encuentro era realizar la primera transacción en Sucres (Sistema Único de Compensación Regional), la nueva moneda que se inventó el Alba (Alianza Bolivariana para las Américas), para evitar el dólar y seguirle el capricho a Chávez. Después de que Evo pateara a un oponente en un picadito de fútbol en La Paz, saltó al mundo de la macroeconomía y al transar en sucres con su jefe, el creativo Hugo Chávez, pasaron a la historia de la especulación monetaria.

Huguito, el travieso, es especialista en crear monedas y tasas de cambio incontrolables. Como si fuera poco, este año firmó la ley que pretende llevar a Venezuela a la Edad Media, incentivando el trueque. Gracias a las ocurrencias de Huguito, en Venezuela la idea es tratar de no cargar plata, pues se puede cambiar un chivo por un Iphone o una gaseosa por un escapulario. La inauguración del sucre se llevó a cabo con la compra de 5.000 toneladas de aceite, valoradas en 4.241.680 sucres, entre la empresa Diana, ubicada en el Imperio Bolivariano, y Gravetal, ubicada en Bolivia, colonia venezolana, gobernada por Evo.

Mientras Evo y Hugo despilfarran la plata de sus electores, el Banco de la República en Colombia viene haciendo la típica maniobra de comprar dólares para sacarlos del mercado y así subir su precio frente al peso colombiano. Es urgente que el dólar suba, pues quienes exportan están recibiendo dólares baratos, que al cambiarlos significan menos pesos, los cuales resultan insuficientes para cubrir los costos en Colombia. Las medidas para subir el precio del dólar no han dado resultado, porque entran sin control y porque muchos los venden para comprar acciones.

Como parece que no hay problemas de salud, de justicia y de especulación monetaria, a un grupo de creativos senadores se les ocurrió suprimirle tres ceros al peso. Mil pesos se convertirían en un peso y veinte mil pesos en veinte pesos. Ya tiraron cuentas de lo que cuesta imprimir los billetes y van para adelante. Esta "inguandia" se podría evitar, si supieran qué cuestan las modificaciones en los procesos comerciales, contables e informáticos de las empresas.

Mientras seguimos haciendo piruetas infructuosas para controlar el dólar, ya hasta el FMI, los alemanes, los japoneses y hasta los chinos se dieron cuenta que todos estamos botando corriente, pues Obama tiene prendida la impresora, y día y noche hace dólares que no se respaldan en oro. La impresora no parará, pues entre otras cosas, debido a las guerras de Irak y Afganistán y a la crisis hipotecaria, la deuda externa de EE.UU. ya supera los 13 trillones de dólares y su economía está en recesión. Emite dólares para bajarles el precio, para que todo el mundo compre sus productos y su economía se dinamice.

Como el tóner de la impresora de Obama no se acabará en los próximos años y somos atractivos para la inversión extranjera, los dólares no pararán de entrar. Dios es grande y hay probabilidades de que nuestros senadores reaccionen y dejen de lado el tema de quitarles los ceros al peso. Sería preferible verlos revisando el comportamiento de economías dolarizadas como la de Ecuador y Panamá, para ver si en Colombia pesarían más las ventajas o las desventajas de dolarizarnos.