La Infanta no convence a España
Bajo un fuerte dispositivo de seguridad, pero sonriendo en todo momento por el "paseo de la vergüenza", la hija del Rey intentó sortear una audiencia en la que habló con evasivas.
En medio de silbidos de una turba antimonárquica, la Infanta Cristina llegó a los juzgados de Palma en un carro que se le brindó por seguridad. Sin embargo, del mismo se apeó a 42 pasos de la entrada, en un corredor al que se le denomina el "paseo de la vergüenza".
En su recorrido hasta la sede judicial nunca dejó de sonreír y saludó con gestos a varios periodistas. La turba antimonárquica, por su parte, creció en arengas, cargadas con toda suerte de adjetivos desobligantes.
"Evidentemente el apoyo a la familia Real ha caído. No es ya algo nuevo. No deja de ser lógico todo esto. Esta institución se ve inútil ahora mismo. En cualquier caso, no creo que nada de esto devenga en el fin de la monarquía. Todo esto depende del Parlamento. Tendrían que estar los partidos mayoritarios de acuerdo, ni el Partido Popular ni el PSOE van a exigir esto", dijo a El Colombiano Humberto Montero, columnista del diario La Razón.
La Infanta Cristin a tuvo una estrategia evasiva en la audiencia, algo que levantó suspicacias en los abogados del Frente Cívico, colectivo que se apersonó del caso como acusación popular. "No ha contestado absolutamente a nada. No sabe, no contesta y ya está", dijo en un receso el jurista Manuel Delgado a los cientos de medios, que se disputaron cada centímetro para tratar de estar cerca del recorrido de la Infanta.
En cualquier caso, estas evasivas, para Montero, no tendrán mayor efecto en la que será su más que probable imputación. "El proceso está ahora en un paso previo a que la imputen, pero de momento falta esa decisión. Dio evasivas durante alrededor de cinco horas. Básicamente, lo que ha dicho es que todo ocurrió por confiar ciegamente en su marido. Lo que dio a entender es que firmó todo lo que le pasaba sin enterarse de nada", dijo.
"Esto que habló no la exime en absoluto de responsabilidad en este caso. Es decir, creo que es la única estrategia que podía seguir en la audiencia. Al fin y al cabo es propietaria del 50 por ciento de una empresa que le realizó un fraude al Estado. Mi impresión es que se dan los condicionantes para que sea imputada", agregó.
De parte de los abogados de la defensa, todo era sonrisas, aunque muy pocos creían que fueran sinceras. Al pasar por el enjambre de cámaras y periodistas, un poco sin escuchar claramente las preguntas en medio del murmullo cercano de las protestas, decían: "La Infanta está tranquila, está muy bien. Todo en orden. Todo está preparado", sus respuestas, no obstante, dejaron mucho que desear en la ciudadanía.
Lo que quedó sonando en el tímpano de los españoles fue otra cosa. Con sólo ver la primera página del diario El Mundo queda clara la situación; el "No sé, no conozco, no recuerdo, no me consta", han sido las respuestas más repetidas durante la audiencia.
Se agota la paciencia
El caso Noos, según comenta Montero, fue la gota que derramó un vaso cargado de escándalos a veces dados para todo tipo de burlas y ridiculizaciones en redes sociales, tal como le pasó al Rey cuando se cayó cazando elefantes en Botswana, África, junto a su amante, la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein.
"A los españoles poco nos importa los escándalos de cintura para abajo de la monarquía. Nos parecen menores. Que el Rey ha tenido amantes lo sabemos todos. Es casi una tradición. Pero lo de Noos generó indignación", dijo.
No obstante, Montero no cree que la figura del monarca esté amenazada a corto plazo en España. "Lo máximo que va a ocurrir será la abdicación en pocos años del Rey, para darle paso a su hijo", concluyó.