La inflación y el salario mínimo
Cada año finaliza con la puja por el incremento del salario mínimo, esto no es novedad, la novedad sería que se lograra la concertación entre trabajadores y empresarios. Por lo regular la discusión queda zanjada por el Gobierno al estipular por decreto el monto de incremento del salario mínimo. La respuesta de las Centrales Obreras es la de siempre: que es inconstitucional y que van a demandar, a sabiendas de que ninguna demanda prosperará. Pero la labor de las centrales es precisamente figurar ante sus agremiados, al menos haciendo ruido y exigiendo ridículos incrementos del 12% o el 15% y amenazando con demandas, para no perder legitimidad y conservar su razón de ser.
Las Centrales en el fondo saben que un incremento equivalente a la tasa de inflación es lo menos traumático en particular en época de crisis. Si no lo saben, trataré de explicar sucintamente, a los "directivos" de la Centrales y en especial a los trabajadores y opinión pública, sobre la pertinencia y bondad del incremento basado en la inflación. Espero disipar parcialmente las dudas sobre la poca voluntad de los empresarios y del Ejecutivo, sospechosos habituales de las desgracias de los trabajadores en materia salarial.
Comencemos por aclarar que el salario en general es el precio o pago al trabajo. El salario mínimo es un límite inferior a dicho pago y está asociado al trabajo formal, por tanto un incremento exagerado del mínimo, sin respaldo en productividad, sólo perjudica a los trabajadores con despidos masivos.
Si el salario mínimo fuera determinado en un mercado competitivo, sin la mediación de acuerdos o decretos, es casi seguro que éste sería más bajo de lo que es hoy, lo que claramente no es deseable, pero con la bondad de más trabajadores enganchados al sistema productivo (esto mismo, interpreto yo, es lo que quiso decir el ex ministro Carrasquilla al decir que el salario mínimo en Colombia es "ridículamente alto" lo que sucede es que no se explicó con claridad ni suficiencia).
Pero la cuestión no para aquí, en Colombia los costos de contratar un trabajador son bastante altos y no se agotan en los 496 mil pesos decretados, estos incluyen los parafiscales que dan vida a instituciones necesarias como Comfama o el Sena, más la seguridad social en salud, etc. Esto significa, cuentas mal hechas, que un trabajador que gane el mínimo le costará a una empresa cerca de 800 mil pesos mensuales.
Finalmente, insisto en que el incremento del salario basado en el 7.67% de inflación es lo menos malo dadas las condiciones económicas que imperarán en 2009 como consecuencia de la crisis económica (que es real y no sicológica como argumentan algunos analistas), se garantiza la conservación del poder adquisitivo y el sector productivo no despide trabajadores ni estimula la pobreza, la cual está bastante asociada a la capacidad de las personas de generar ingresos a través del acceso a un empleo formal.