Histórico

La "inteligencia" de Obama

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08 de enero de 2010

El presidente Barack Obama no parece dispuesto a tapar e ignorar la crisis de seguridad que ahora han vuelto a sentir los estadounidenses, nueve años después de los atentados terroristas del 11-S contra las torres gemelas, de varias masacres internas a manos de sicópatas y de las constantes amenazas de extremistas islámicos, liderados por Al Qaeda.

El caso del joven nigeriano que logró abordar el día de Navidad un avión en Detroit, pese a estar en los reportes de Inteligencia como potencial terrorista, destapó no sólo las graves deficiencias de seguridad entre los organismos de Estados Unidos, sino de lo que es capaz su Presidente para recuperar la confianza de sus ciudadanos.

"La responsabilidad es mía", dijo Obama y en esa frase está la apuesta que acaba de hacer para lograr que su país no sucumba a una "mentalidad de Estado de sitio, tal como lo pretenden los terroristas", según él mismo lo expresó el jueves pasado en una corta, pero contundente, conferencia de prensa en la Casa Blanca, donde tomó medidas extremas de Inteligencia y Seguridad.

El Presidente de Estados Unidos no quiere taparse la cabeza y dejar descubiertos los pies y dejó en claro que la primera decisión es redoblar todos los sistemas de identificación e intercambio de información entre sus propios organismos de seguridad y los de los demás países del mundo comprometidos en la derrota del terrorismo.

Una de las molestias de Obama fue, precisamente, no conocer que al joven nigeriano que llevaba los explosivos atados a su cuerpo en Detroit le habían negado la renovación de su visado en Inglaterra por estar en la lista de potenciales terroristas de Al Qaeda.

Pese a que las críticas han sido duras contra Obama, la peor parte recae en la Central de Inteligencia (CIA). Ni los demócratas ni mucho menos los republicanos, que ahora recuerdan lo que les costó políticamente el 11-S y la guerra en Irak, están dispuestos a dejar que se repitan errores tan costosos como los cometidos en la Guerra de Secesión, en Pearl Harbor, en Irak y, más recientemente, en Afganistán, donde la propia CIA perdió el año pasado al grupo más selecto de espías contra Al Qaeda.

Pero Obama sabe que no basta con ponerse bravo, porque más bravos están ahora los estadounidenses con lo que pudo pasar en Detroit y lo que podría suceder en el futuro, si las estrictas medidas de seguridad adoptadas en los aeropuertos, de hecho molestas para los viajeros, vuelven a quedarse en la "sala de espera" de los organismos de seguridad, confiados cada uno en que el otro tomará las decisiones correctas. Obama ya dijo que no lo tolerará.

Tal vez, el Presidente de Estados Unidos ha echado mano de su propia "inteligencia" para ratificar lo que les dijo a los americanos, hace ya casi un año: "No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, y a aquellos que pretenden lograr sus fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte..., y los venceremos".

Obama sabe que la inteligencia, en el sentido literal del término, es un bien escaso y alguien debería ser lo bastante "inteligente" para pensar en ello, antes de que lo hagan de nuevo los terroristas.