LA INTELIGENCIA QUE BRILLA POR SU AUSENCIA
Esta semana que termina, informó la edición digital de la revista Semana sobre una red de inteligencia militar supuestamente ilegal, y lo que siguió de ahí en adelante fue una patética muestra de descoordinación gubernamental, afirmaciones y desmentidos, decisiones y retractaciones, órdenes tajantes y reculadas. A cada afirmación del presidente de la República la cubrió el manto de la duda y su posterior reversa.
Ante las informaciones de prensa, salieron el Presidente y su ministro de Defensa a expresar indignación, el primero, y titubeos, el segundo. Pero ni la puesta en escena en un primer momento para declararse sorprendidos por lo que tendrían que haber sabido de antemano, les salió bien.
Esa poca consistencia, esa falta de convicción y la ausencia de claridad lo único que logran es que el rumor dañino haga de las suyas. Si dijeron al principio que no sabían nada, y luego indicaron que la fachada de inteligencia detrás del ya famoso restaurante era legal, es porque o mintieron al principio, o la información de inteligencia militar no les llega a quienes debe llegarle. O que lo que hay allí en esos equipos es tan grave que no pueden tomar medidas aún si fue ilegal.
Rasgarse las vestiduras para luego retractarse y salir después a decir lo obvio (que los sistemas de inteligencia, operados de forma lícita, son indispensables para la seguridad nacional y que seguirán funcionando) dejan la imagen de un gobierno que no sabe cómo reaccionar a las crisis.