LA LECCIÓN DEL PAPA
Qué gran lección de humildad y desprendimiento del poder ha dejado el papa Benedicto XVI a los gobernantes del mundo. Con la mayor sencillez reconoció sus limitaciones para seguir al frente de la Iglesia Católica, haciéndose a un lado y dejando que el Solio de Pedro lo ocupe alguien con la vitalidad física y espiritual que demanda el liderazgo de esta institución.
Son diferentes los casos de poderosos que actualmente se aferran al poder a toda costa, muy a pesar de sus evidentes limitaciones físicas y mentales. Basta con mirar el caso del presidente Chávez quien lleva meses ausente del país que lo eligió y no ha dado ninguna señal de recuperación o siquiera de vida. De manera semejante podemos mirar a Cuba, en donde el dictador Castro sigue manejando con estilo autocrático la isla. A pesar de su avanzada edad, deteriorada condición física y desgaste, sigue aferrado al poder que tomó por las armas en 1959.
Mucho se ha especulado sobre la renuncia del Papa. Teorías conspirativas de todos los calibres han inundado los medios de comunicación y las redes sociales, proponiendo las más pintorescas tesis sobre las causas de su renuncia, produciendo así mucha especulación y poco sustento de lo afirmado.
¿Por qué cuesta tanto aceptar que un hombre de 85 años renuncie después de toda una vida de trabajo? No olvidemos que vivimos en un mundo que avanza a pasos agigantados en cuanto a tecnología, medios de comunicación y transporte. Las exigencias de un Papa en pleno siglo XXI no son las mismas de uno en el siglo XV. Y por esta razón no podemos comparar esta situación con la que vivieron los antecesores de Benedicto XVI. Más aún, el actual Papa a quien tanto se ha criticado por ortodoxo, está dando una lección de modernismo dentro de la Iglesia y es: si las condiciones físicas impiden gobernar con la efectividad esperada, no se debe esperar hasta la muerte. Este caso deja un importante precedente para el Derecho Canónico en cuanto a las causas de renuncia del Sumo Pontífice.
Teniendo en cuenta lo anterior, es importante entender el desgaste que genera atender medios de comunicación constantemente, viajar por todo el globo, estar a la par con los cambios culturales, políticos, económicos y tecnológicos de un mundo globalizado que va a mil por hora, y que para un hombre que ha sido un académico de perfil discreto y que por las circunstancias de la vida tuvo que asumir el pontificado no ha sido tarea sencilla a pesar de sus inmensos esfuerzos.
En este sentido, lo que se debe mirar no es hace cuántos años no sucedía una renuncia de un Papa, sino cuáles son las circunstancias del mundo de hoy, y qué es lo que más le conviene a la Iglesia.
Puede que uno como simple feligrés no lo sepa, pero el Papa sí. Como católicos debemos respaldar la decisión del Papa y esperar a que le próximo que venga maneje con sabiduría y entrega la Iglesia de un mundo que demanda cambios en el estilo de gobierno y de comunicación del Evangelio.
@FedericoHoyos