La luna de miel del TLC
Con derecho a equivocarme y sin ser economista, luego de hacer un largo recorrido por diferentes sectores de la economía, el Tratado de Libre Comercio tiene tanto de "ancho como de largo" y debe ser visto de acuerdo a las circunstancias del momento y ponerlo en el fiel de la balanza.
Nadie desconoce que estamos en un mundo globalizado y que Colombia debe jugar a nivel mundial y convertirse en líder comercial latinoamericano, no solo por su posición geográfica, sino por su capacidad innovadora y de producción, pero nuestras falencias son grandes, para competir en el libre comercio, con economías mas sólidas y avanzadas, por lo que debemos tener mucha precaución.
El solo hecho de tener una infraestructura totalmente atrasada en: vías, ferrocarril, puertos, aeropuertos y en el caso del sector agropecuario, sin sistemas de drenajes, sistemas de riego, incentivos, financiación y seguridad, hacen que la logística sea precaria, costosa e inoportuna.
Otro factor que influye es la revaluación del peso colombiano, considerando que cuando el anterior Gobierno, por medio del Ministro Botero y el Ministro Plata comenzaban la faena con el Gobierno norteamericano, el dólar promedio en el año 2003 fue de 2.750 pesos y en estos últimos tiempos ha llegado a valer, aunque por pocos días, los 1.750 pesos, lo que nos hace poco competitivos.
Otra cosa es cuando uno importa materias primas o bienes, con un dólar barato para producir en Colombia, aprovecha el mercado nacional y exporta con dólar también barato, se presenta la ley de la compensación, pero cuando no utiliza materias primas importadas y produce con materias primas nacionales y con mano de obra bien remunerada, además con toda la carga prestacional e impositiva, debe ser preocupante.
Encuentra cualquier comprador en los almacenes y grandes superficie cualquier tipo de productos, hoy sin TLC, a unos precios imposibles de igualar con los de un industrial colombiano. Si lo anterior es hablando de industria, qué diremos del sector agropecuario; claro que la bandeja paisa, en un porcentaje grande sus componentes son importados y vendidos en las grandes superficies.
Para los que somos legos en el asunto, manejamos testimonios fáciles de entender, observe el número de contenedores que llegan con mercancía importada y los que salen con mercancía exportada; otra cosa es manejar las cifras de oro, carbón, petróleo y azúcar o café, pero en confecciones y otros productos, lo veo grave.
El empleo hay que preservarlo, "pero para los colombianos", cuando uno compra una camisa en un reputado almacén colombiano, al verla con su marquilla piensa que compra colombiano, al usarla le ve en su interior "importado de la China" ¿Mano de obra de quién? Ojo con la luna de miel, con dólar barato y sin incentivos, como lo hacen nuestros competidores, el empleo se deteriorará.