La música tomó otro aire en El Popular
EL LUGAR OSCURO y frío al que acudían los niños y jóvenes del sector para practicar sus instrumentos es ahora un espacio amplio y acogedor donde se sienten felices.
No hay felicidad alguna que se pueda comparar con la alegría que siente Esteban Amaya cada vez que interpreta un instrumento, ese que hace sonar armoniosamente con la energía que solo le imprime un joven apasionado por la música.
El entusiasmo se apodera de él tan solo al pensar en que va a crear una nueva melodía con los sonidos de los bongos, las maracas, el redoblante o la batería, que sabe tocar casi a la perfección.
Esa misma dicha la comparten sus demás compañeros de la Escuela de Música de El Popular, ubicada en la Institución Educativa Villa del Socorro.
Ellos acuden todos los días al sitio para aprender nuevas técnicas y formas de hacer música, una pasión que ha cambiado algunos aspectos de sus vidas.
"Antes de estudiar acá era reprimido y muy callado, pero ahora soy una persona más alegre", comentó Esteban, de 17 años. Él ya tiene muy claro que su ideal es ser un gran músico, meta por la que lucha con disciplina.
Además, se declara un fiel convencido de que la música se convierte en la mejor manera de alejar a los jóvenes de la violencia.
Un pequeño tamboreo comienza a escucharse en otro de los salones de la escuela.
Detrás de las baquetas, está el rostro emocionado de Jackeline Zuluaga, de 12 años, quien interpreta el redoblante.
Hace un año había "abandonado" la música, pero luego de contar nuevamente con el apoyo de su madre, ayer pudo volver a producir los sonidos que tanto le gustan.
"La música para mí es una bendición de Dios", dice la niña mientras resuena otra vez el instrumento de percusión y alardea un poco con su toque.
Y es que, sin duda, el ánimo por estudiar de estos pequeños es ahora mucho más grande, sobre todo, desde que el espacio fue remodelado.
"Antes todo era un caos porque teníamos que practicar al mismo tiempo en un solo sitio, que era muy feo y desordenado", relató Jessica Zapata, otra de las 189 alumnas que tiene la institución.
Ahora cuentan con un espacio de 284 metros cuadrados distribuidos en cuatro salones de ensayo, dos aulas múltiples y bodegas para instrumentos, lo que los hace sentir más cómodos y los motiva a asistir con mayor frecuencia a las clases.
Es totalmente gratis
Wilson Castaño, director de la Escuela de Música, señaló con emoción la importancia que ha tenido este programa, totalmente gratuito e incluyente, en la comuna.
"Los papás se sienten tranquilos porque sus niños están en un lugar seguro y agradable donde pueden compartir con los demás", manifestó el profesor.
Para él, enseñarles a estos pequeños representa una experiencia gratificante que lo ha llevado a crecer a nivel profesional y personal.
"En lo que más les insisto es en que hay que tener mucha disciplina y ensayar todos los días. Los chicos han aprendido eso", subrayó Castaño.
Por su parte, el profesor de percusión, John Bolívar, consideró fundamental visualizar la institución como un territorio de paz.
"Lo que se vive acá es paz. La idea es ayudar a los jóvenes a aprovechar su tiempo libre", comentó el maestro, quien desde hace siete años integra el programa de Red de Escuelas de Música.
Lo que más le gusta de la interacción con los pequeños es que mostrándoles el mundo de la música ha llegado a ser una mejor persona.
Otra vez el sonido del redoblante se impone en el espacio. Se trata de una nueva melodía compuesta por Jackeline, quien vuelve a sonreír al tocar el instrumento. En sus ojos se refleja un brillo especial, ese que le da la música.