LA PAZ Y LA AMNISTÍA
Los enemigos de las negociaciones de paz, encabezados por el expresidente Álvaro Uribe y su candidato Óscar Iván Zuluaga, acusan al gobierno de Juan Manuel Santos de estar aprovechando los diálogos con fines electorales y reeleccionistas. Sin duda, pero lo que ellos están haciendo al atacar el proceso no es nada distinto.
El problema con la paz es que se convirtió en votos para un lado o para el otro. Y de esa manera se han exagerado y tergiversado los mensajes sobre la real situación de negociación con la guerrilla de las Farc.
Los defensores del proceso aseguraron que después de los avances en el segundo punto de la agenda de negociación en La Habana, la paz era irreversible y se había logrado lo más importante.
Falso.
Sus antagonistas, en cambio, después de ese acuerdo sobre la intervención en política de la insurgencia, dijeron que los negociadores del gobierno y el presidente Juan Manuel Santos, le entregaron el país a la guerrilla y se arrodillaron frente a las Farc.
Falso también.
Lo suscrito entre los negociadores del gobierno y los representantes de las Farc fue un importante avance para el proceso, pero eso no quiere decir que falte lo más complejo y grueso en esa negociación, que es el tema jurídico de inmunidad para la guerrilla y la posibilidad de los representantes de las Farc para aspirar al Congreso.
El texto aprobado de ese segundo punto concreta la participación política de nuevos movimientos que se generen en las regiones que han sido controladas por las Farc, pero poco o nada se menciona sobre el futuro jurídico o político de los jefes de las Farc.
He ahí el meollo del asunto.
De acuerdo a la regulación internacional que Colombia ha suscrito, no pueden darse amnistías o indultos a crímenes atroces y delitos de lesa humanidad. No hay duda en que las acciones de los representantes de las Farc caen en esas categorías y jurídicamente ese tema va a ser muy complicado. Pero aparentemente será necesario.
Este proceso no se terminará y la guerra con las Farc seguirá indefinidamente, si no se empieza a pensar en conceder amnistías por los delitos cometidos. Hay que sacrificar un poco la justicia para llegar a la paz. Y aunque es una propuesta completamente impopular, es la necesaria para llegar a la paz.
Eso, siempre y únicamente, como contraprestación y condicionamiento a la revelación de toda la verdad, parte esencial de la reconciliación, y a la reparación de las víctimas.
El reto es complejo para lo que queda de negociación. Y no se ha acordado nada, hasta que no esté acordado todo. Ya que desmovilizar los fusiles es un paso necesario pero no suficiente.
Más allá de la amnistía o no, el tema es que para lograr una paz sostenible en el tiempo es necesario modernizar y robustecer la democracia para hacerla más participativa, pluralista y transparente. ¿Quién busca eso en Colombia? ¿el uribismo o el santismo?
Hay que preguntárselo ya que esas son las opciones más concretas de gobierno para el próximo cuatrienio