Histórico

La Pesca, una alita del Tolima en Puerto Nare

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30 de mayo de 2009

Algo tiene La Pesca, que el que llega allí se amaña. A unos quince minutos del casco de Puerto Nare, este corregimiento se fue llenando de vallunos, costeños, boyacenses y sobre todo tolimenses y huilenses, y hoy parece una Colombia en versión chiquita: hay de todo.

Situado sobre la margen izquierda del Río Nare, en el punto donde este se cruza con el Magdalena, La Pesca es paseo obligado de todo el que va a Puerto Nare.

-Sería como si no hubiera venido-, apunta Edilma Ángel, una señora que llegó con su esposo hace treinta años procedente de Natagaima (Tolima) con intenciones de rebuscarse la vida y terminó por quedarse para siempre.

Parada en la puerta de su casa, dice que a su arribo era un caserío agrícola y pesquero y que aquí halló una calma muy grande que fue la que la sedujo, a ella y a su familia.

-No creo que me vaya a ir nunca, acá hay mucha gente de mi pueblo y de otros pueblos y nos entendemos bien-.

Cuentan las historias que el caserío se empezó a poblar por allá en los años 60, cuando el río expulsó a muchos campesinos del corregimiento La Sierra (también de Puerto Nare), donde ya había asentados muchos tolimenses. Éstos emigraron a La Pesca, donde hallaron un atractivo especial: cada año la época de subienda era -dicen que sigue siendo- de las mejores del Magdalena. Entonces había forma de conseguir el sustento. Y esa abundancia se mezcló con lo apacible del lugar, los encantos del Nare y el Magdalena juntos y muchos sitios turísticos para gozarse la vida sin agites. Entonces, con un panorama así, lo mejor era quedarse a vivir, a echar raíces.De todas partes
Y muchos lo hicieron. Lo hizo Bernardo Quesada, que llegó hace 40 años de Natagaima luego de recorrer casi toda Colombia buscando un refugio para vivir tranquilo.

-Lo hallé acá. Ahora estoy viejo y trabajo en el restaurante de doña María arreglando pescado, no tengo problema-, afirma este veterano de pocas palabras.

La María de que habla es María Teresa Gamboa, que arribó a La Pesca hace 30 años procedente de Cocorná y decidió nunca más salir de este pequeño puerto de no más de veinte cuadras.

Ella es quien les da la bienvenida a los turistas con un suculento plato de pescado en su estadero La Playa, tan delicioso, que es famoso en toda la comarca. -Tratan de imitarnos, pero no nos igualan-, anota María y ¡claro!, por nada del mundo revela el secreto de su sazón. Su local está en toda la playa, pero ya adentro uno camina por un caserío fresco, de calles amplias y pavimentadas, donde todos los moradores saludan y dicen su nombre y de dónde llegaron.

-Soy Abel Hernández y llegué de Cimitarra, Santander, dice uno.

-Me llamo Ovidio Saldaña y vine de Jamundí, Valle del Cauca, anota otro.

-Mi nombre es Edilberto Sierra y vengo de San Pablo, sur de Bolívar.

-Y yo soy Luis Saldarriaga, me vine de Cali a pescar y me quedé a vivir-, repite otro.

Al fondo suenan rancheras y vallenatos a todo volumen, mientras otro grupo de habitantes juegan parqués sentados en casetas ubicadas a la orilla de un ala del río Nare que se coló hasta sus calles.

En este "pueblito" macondiano y tranquilo es fácil encontrar el encanto: en el amor de alguna de las bellas jovencitas que sonríen coquetas en las puertas cuando ven algún extraño. En la abundancia de pescado de sus ríos, donde compiten el cápax, el bagre y el bocachico. En lo apacible de las calles o lo hospitalario de sus moradores. En ese vientecito fresco que sopla en las esquinas o, porqué no, en esos deliciosos platos de pescado de doña María Teresa.