Histórico

La poesía, de luto y de celebración

23 de marzo de 2009

El 18 de marzo Colombia se vistió de luto para despedir a la poeta barranquillera de origen libanés, Meira Delmar. Tuve la satisfacción de oírla recitar sus poemas, varias veces en los últimos años. Meira Delmar u Olga Chams Eljach, su nombre de pila, tenía 87 años. Había sido una bella mujer en su juventud, según he visto en sus fotos. La poeta veía muy poco; se podría decir que estaba casi ciega, pero conocía su obra de memoria. Subía al escenario, cerraba los ojos y, con el mayor desenvolvimiento, declamaba con una cautivadora y elegante voz. Un día le pregunté, ¿qué consejo me podrías dar a mí, una poeta principiante? "Aprende a declamar de memoria tus poemas, así conquistarás tu público", me dijo.

Pero, fue por mucho más que su voz por lo que amamos su poesía. Meira Delmar nos regaló en sus nueve libros, con una poesía elegante, con el amor y el desamor, siempre presentes, descritos con una inmensa ternura. Con su obra nos podemos fácilmente identificar, como lo demuestran estos dos versos: ¡Y ya nunca sabrás / si me hallaste en la vida o en un sueño no más! Hoy para despedirla, quisiera recordar aquel poema en el cual habla de su muerte: Nada deja mi paso por la tierra. /En el momento del callado viaje/ he de llevar lo que al nacer me traje/el rostro en paz y el corazón en guerra.

Un día después de la muerte de Meira Delmar, el 19 de marzo, los bardos de Bogotá se dieron cita en la biblioteca del Gimnasio Moderno para homenajear a otro de los grandes de Colombia, el poeta y compilador de importantes antologías de poesía colombiana, Rogelio Echavarría.

Echavarría nació en 1926, en esa tierra tan fértil en poetas que es Santa Rosa de Osos, Antioquia. Su obra, cercana a los eventos cotidianos, abrió un compás refrescante, en su momento, en las letras colombianas. Su libro El Transeúnte, el cual ha sido varias veces reeditado, es siempre viejo y siempre nuevo. Pues, Echavarría, hace a su poesía ajustes y adiciona poemas nuevos en cada reedición. Ejemplo del fino humor que encontramos en sus versos es su poema Epitafio: Al fin voy a morir/despacio/y solo.

Participaron en su homenaje los escritores, Gonzalo Mallarino Flórez, Federico Díaz-Granados, María Angélica Pumarejo, Juan Felipe Robledo y Juan David Correa, leyendo y comentando su obra de una manera agradable y descomplicada, la cual hizo honor a la personalidad sencilla de Echavarría.

Recordemos los primeros versos del más conocido de sus poemas, El Transeúnte: Todas las calles que conozco/son un largo monólogo mío/llenas de gentes como árboles/movidos por una oscura batahola (?).