Histórico

La teoría de Hegel

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20 de agosto de 2011

Vigésimo primer domingo, tiempo ordinario

"Jesús les preguntó: ¿Y vosotros quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". San Mateo, cap.16.

Aquel sabio filósofo alemán nos enseñó que la vida y la historia se desenvuelven en tres estadios consecutivos: Tesis, antítesis y síntesis. Primero planteamos lo que parece una verdad irrefutable. Surge entonces otra verdad contradictoria. Pero luego, estas dos se reconcilian, para dar origen a una tercera verdad, más sólida y serena. Menos belicosa y estridente.

Se levanta un reino, que más tarde es vencido por una dinastía enemiga. Nace de allí un imperio, que aprende de toda la anterior experiencia a comprender mejor al hombre y a encauzarlo. En el principio fue la oscuridad del caos. Luego el Señor creó la luz. Y en un tercer estadio, hubo día y hubo noche, siguiendo su turno riguroso.

Cuando Jesús lanza a sus amigos esta pregunta directa: "¿Quién decís vosotros que soy yo?", Pedro, tomando la vocería del grupo, responde con valientes palabras: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". El entusiasmo del apóstol se parece al que mostró en el huerto de Getsemaní, cuando hirió a Malco, el criado del pontífice.

Sin embargo, unas páginas más adelante leeremos la antítesis de este pasaje. En el atrio del sanedrín, una criada señala a Pedro: "Ciertamente tú también eres de ellos, pues tu mismo dialecto te descubre". Cuenta san Marcos que el apóstol comenzó a jurar y a echar imprecaciones: "Yo no conozco a ese hombre".

Esta parece una página arrancada del libro de nuestra propia vida. A pesar de ciertos entusiasmos sinceros, hemos negado nuestra condición de cristianos.

Pero la historia humana, al contacto con Cristo se ha vuelto historia de salvación. El Señor, que mezcla la luz con las tinieblas para regalarnos la penumbra, nunca deja las cosas a mitad de camino. En todas las áreas del universo teje gloriosas síntesis con elementos humanos. Nos invita a encontrarlo, cuando despejamos las incógnitas de cada episodio equivocado.

Por eso en el capítulo 21 de san Juan hallaremos la rehabilitación de Pedro, para quien la generosa imaginación de sus colegas ya habría elegido un sucesor.

Estando a la orilla del lago, Jesús le dice al apóstol: "Simón, hijo de Juan ¿Me amas más que éstos?" El dilema planteado es torturante. Si responde que sí, sus compañeros le tacharán de mentiroso. Si responde que no, le llamará embustero su propio corazón. Entonces el pescador rudo y veraz, sincero y simple, encuentra la frase precisa para desenredar la situación: "Señor, Tú sabes todo. Tú sabes que te amo".

Cristo lo confirma enseguida como jefe del grupo: "Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas". Se realiza la síntesis de Dios.