La tradición de un apellido automotriz
La tradición de un apellido automotrizMedellín
Su apellido está ligado de manera indeleble con el mundo de los carros, en especial, con todo lo relacionado con la comercialización de vehículos.
Y aunque su incursión en la actividad automotriz fue más bien tarde, desde muy pequeña los carros hicieron parte de su vida y de la vida en su casa.
De hecho, cuando eran niños, Margarita Olarte y sus hermanos mayores utilizaban en muchas ocasiones como patio de juegos la zona de talleres del concesionario Autolarte sobre la calle Palacé.
"Allí jugábamos a las escondidas", recuerda con mucha satisfacción cuando mira lo que hoy es una zona plagada de automóviles que están siendo atendidos por los técnicos de la compañía, y los que están a la espera de un servicio o a ser montados en una de las grúas para su revisión y reparación.
Pero aún y con toda la influencia del hogar, y el ir de manera frecuente al negocio de su padre, rodeada de carros y de técnicos y mecánicos, su inclinación profesional se dio por lados totalmente alejados de los motores.
Estudió y ejerció durante varios años su oficio como enfermera profesional de la Universidad de Antioquia.
De la clínica al concesionario
Sólo cuando una especial situación personal y familiar la obligó a buscar otras alternativas, además impulsada por el interés en desarrollar una carrera que no la alejara durante largas jornadas, como las que debe cumplir un profesional de la salud, de sus hijas; sus hermanos le ofrecieron entrar a Autolarte. Era 1982.
Así, aunque un poco más tarde, la vena familiar también terminó por conquistarla a ella.
Sus primeros pasos ya como integrante del equipo de Autolarte los dio sin tener todavía un cargo definido, pero, eso sí, empapándose muy bien de las peculiaridades de esa actividad, desde la parte comercial, hasta algunos asuntos técnicos, aunque no como para decidir en cuestiones mecánicas.
Luego asumió un cargo en el área de auditoria interna.
De allí dio un paso más en su consolidación administrativa en el área de los vehículos y se fue para la sede de la compañía sobre la Autopista Sur, lo que se conoce como Autolarte Sur.
Allí, recuerda, enfrentó varias situaciones especiales. Rememora cómo en alguna ocasión con un camión de la compañía Zenú se presentaba un problema mecánico y el conductor de éste, ya algo ofuscado, le dijo palabras más, palabras menos: "lo que pasa es que usted no sabe nada de mecánica", a lo que ella respondió: "no se de mecánica pero sí se quiénes son los que saben". Y el sujeto se quedó callado.
En Autolarte Sur también promovió la participación de la marca en competencias automovilísticas como la Copa Swift 1.000 y la Copa Alto, siempre en vehículos guiados por la mano del piloto antioqueño Jaime Guerrero, hermano de Roberto José Guerrero.
Unos años más tarde, cuando el gerente en ese entonces de Autolarte, Marino Orrego se retiró de la compañía, le propusieron asumir ese cargo y fue así como por espacio de diez años llevó la rienda de este concesionario y sus tres sedes en Antioquia, hasta que en noviembre del año pasado decidió retirarse a descansar.
Sin embargo, sigue al tanto de lo que sucede a través de su puesto en la Junta Directiva.
No tiene gustos especiales a la hora de escoger un carro. Sólo un detalle: que el vehículo sea blanco.
Y aunque a lo largo de su vida los carros grandes como las camionetas Vitara, Blazer o Rodeo han sido los carros que ha preferido, hoy dice estar muy a gusto con un Corsa Evolution de 1.800 centímetros cúbicos, del que destaca su comodidad.
También recuerda mucho un Monza automático.