La verdad se fue en avión de la DEA: víctimas
Cuando se enteraron de la extradición de los jefes de Auc, las familias de las víctimas sintieron que jamás conocerían lo que pasó con sus seres queridos. Con las dificultades que ha tenido el proceso, esa sensación es hoy una realidad. La verdad no llega con las teleconferencias.
Cuando el presidente Álvaro Uribe insistió en que los jefes paramilitares que incumplieran sus compromisos con la justicia colombiana serían extraditados a Estados Unidos, las familias de las víctimas pensaron que la verdad, la justicia y la reparación prometidas con el proceso de Justicia y Paz se les escaparían en un vuelo de la DEA.
A dos años de que Uribe cumpliera su promesa y extraditara en una primera fase a 14 paramilitares, la conveniencia del procedimiento sigue siendo puesta en duda por las víctimas que sienten que en un calabozo de E.U. está la verdad que terminaría con años de angustia.
Sin embargo, las teleconferencias han sido pocas y la posibilidad para que los fiscales y abogados de las víctimas accedan a los extraditados son limitadas.
Para el ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, el mecanismo que ha permitido remitir a la justicia de E.U. a cerca de 1.000 colombianos ha sido efectivo.
"Cuando se hizo la extradición de los dirigentes de las ex Auc se hizo porque ellos no estaban cumpliendo con los requisitos previstos en la Ley de Justicia y Paz y se consideró que era mucho más seguro para el país tenerlos en extradición con todas las facilidades para que desde allá sigan trabajando en el proceso de justicia y paz", afirmó Valencia.
El embajador de Estados Unidos, William Brownfield, señaló esta semana que si bien las extradiciones se seguirán realizando, lo que se puede hacer es mejorar los mecanismos de cooperación como teleconferencias y acceso por parte de la justicia.
Un proceso kafkiano
Más allá de las razones de Gobierno están las víctimas, en su mayoría habitantes de zonas rurales que tenían que hacer grandes esfuerzos para poder asistir a las audiencias que se programaban en capitales y que podían ser vistas por teleconferencia en ciudades intermedias.
Y es que a pesar de las "facilidades" tecnológicas acceder a la verdad no será fácil. Según Iván Cepeda, director del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), las versiones libres de los extraditados se cuentan con los dedos de las manos.
Cuando los paramilitares estaban recluidos en Colombia había mayores posibilidades para que las víctimas accedieran a ellos. Algunas madres y esposas preguntaron en las versiones libres sobre la suerte de sus seres queridos y pudieron encontrar una luz para entender lo que les había sucedido. Ahora, ese acceso es complicado, aún para una persona reconocida como Cepeda.
"Lo que a me tocó fue un proceso kafkiano, qué puede esperar una persona cuyo caso no sea conocido", asegura el hijo del ex congresista Manuel Cepeda, dirigente de la Unión Patriótica y del Partido Comunista Colombiano asesinado el 9 de agosto de 1994 en Bogotá. En el crimen, que fue presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) habrían participado jefes paramilitares y miembros activos del Ejército.
Para entrevistarse con Diego Fernando Murillo Bejarano (alias "Berna"), Cepeda tuvo que esperar algo así como una alineación planetaria que lo favoreciera.
El encuentro solo podía darse si Murillo accedía, su abogado lo acompañaba, los jueces de Estados Unidos aceptaban la reunión y podían enviar representantes a ellas y los jueces y fiscales colombianos podían desplazarse. "Fueron muchos obstáculos, porque cuando unos podían los otros no".
Pero él por lo menos tiene una luz. La familia Vásquez, en Medellín, perdió a dos de sus miembros: uno en Caucasia, a manos del bloque Mineros, y otro en Segovia, por el bloque Metro, que en esa zona fue c0optado por el bloque Central Bolívar.
Al primero lo sacaron en la madrugada de la tienda en la que trabajaba y murió desangrado en la calle porque nadie se atrevió a auxiliarlo. Al segundo, que era conductor de una chiva, lo acribillaron en un billar.
"Yo me mantenía pidiendo permiso en la empresa para averiguar por las audiencias aquí en Medellín pero nunca supimos nada", cuenta una integrante de la familia quien pidió guardar su nombre en reserva.
"Nos duele saber que mi hermano murió tirado sin que nadie, por miedo, lo auxiliara. Nos duele no haber podido llorar a mi otro hermano porque 'ellos' estaban poniendo cuidado", cuenta la mujer. Su esperanza era presentar las fotos de sus hermanos a los jefes paramilitares y que le dijeran por qué los habían matado, ahora no podrá hacerlo.