La veta del turismo
Casi uno de dos turistas extranjeros (45%) que visitan Colombia decide volver antes de cinco años. Eso dicen cifras de una encuesta hecha por Ipsos-Napoleón Franco a 4.180 visitantes.
Y si bien aún estamos a años luz de pretender entrar en la lista de los destinos preferidos en el mundo, que encabezan Francia, China y España, y de la que además forman parte Estados Unidos, Italia, Reino Unido, México, Alemania, Austria y Canadá, quién duda que cada vez vienen más extranjeros a vacacionar, y no siempre de negocios.
Según datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, nada más en los primeros seis meses de este año, sin contar puntos fronterizos, llegaron 578.707 nuevos visitantes, un tres por ciento por encima del mismo período de 2007. Y hay que ver la cantidad de venezolanos y ecuatorianos que uno encuentra en centros comerciales y restaurantes. Ni hablar de cruceros. Ya son 98 los que han atracado este año en nuestras costas. De ellos bajaron 127.510 pasajeros.
¿Qué los seduce? Un país diverso en el que, a partir de lo que dicen los propios visitantes, fascinan Bahía Blanca, el Castillo de San Felipe, Monserrate, Bahía Solano o la Sierra Nevada de El Cocuy, pero no tanto como "la gente", una definición muy ambigua, que obliga a todo tipo de lecturas.
¿Qué es "la gente" para el turista? Muchas cosas: la buena cara de la gente de inmigración en los aeropuertos; el taxista que se atiene a las tarifas oficiales; el botones bilingüe que conoce su oficio; la carta de precios visible; el ciudadano de la calle que saca de dudas, orienta y alerta; el vendedor que deja claras las cuentas; el camino bien señalizado; la porción generosa en el restaurante; la calidez de todos.
Porque, con apenas una vuelta de tuerca atrás, eso mismo se puede convertir en el "hasta nunca". No siempre hay una primera mirada amable de parte de la autoridad que nos recibe para sellar el pasaporte. Vayan no más a Guatemala y comprueben la diferencia. Y si encima el taxista comete la ligereza de salvar el día a costa del recién desempacado, comenzamos mal.
Claro, esas son minucias al lado de los retos de quienes tienen a cargo el sector. Pero si un turista vuelve en parte será por las políticas macro, pero no menos por lo que viva y disfrute -o sufra- en la cotidianidad.
Sobrero:
¿qué pesará más en el elector estadounidense indeciso: El encuentro de McCain con el Dalai Lama o la gira de Obama por Berlín, París y Londres?