Lágrimas y niños no frenaron la fuerza de la ley
Fue triste el adiós que tres familias les dieron a su tierra y sus casas, ubicadas en Ancón Sur (La Estrella), pues en vez de irse a voluntad, les tocó ver cómo una máquina destruía sus predios ante sus miradas atónitas.
La sobrecogedora escena la sufrieron José Leonel Acevedo y su esposa Rosa Elena, que llevaban seis años allí. La vivieron José Vidal y su esposa Ángela Muñoz, con 18 años en el predio. Y la padeció Doris Duarte, quien lloró inconsolable ante la irremediable realidad que le esperaba: volverse paria con sus dos hijas y sus cuatro nietos.
Todas, aunque compraron el lote con papeles y lo tenían sembrado con café y frutas, tuvieron que ceder ante las EPM, que lo reclamaron como dueñas, pues a pesar de los años que llevaban allí, para los bienes públicos no aplica derecho de posesión a favor de particulares.
El desalojo se hizo en la mañana en un proceso de amparo policivo y lo lideró la inspectora de La Tablaza, Aura Molina, que pese a llegar con un amplio piquete policial, no necesitó usarlo, pues no hubo resistencia.
El abogado de estas familias, John J. Orozco, admitió que el proceso fue ajustado a la norma, pero careció de humanidad, pues "EPM aplicó la ley con todo rigor, pero dejó a estas familias desprotegidas" y sin indemnización.
Aunque la máquina demoledora arrasó con cada muro, intentará que se reverse el proceso. Las ruinas quedaron donde antes hubo casas, campesinos, niños jugando entre árboles y arbustos...